domingo, 15 de diciembre de 2024
Benito y la purga
domingo, 1 de diciembre de 2024
Hijo, ni la purga Benito
domingo, 24 de noviembre de 2024
Nunca sabes cuando será la última vez que haces algo.

domingo, 10 de noviembre de 2024
«El ‘no’ se lleva siempre consigo»
domingo, 4 de agosto de 2024
Sobre una vieja pista deportiva y la convivencia.
domingo, 7 de julio de 2024
De Pulgarcito a El Padrino
domingo, 26 de mayo de 2024
Y la vida siguió...

domingo, 28 de abril de 2024
Mala reputación
domingo, 14 de abril de 2024
2021, 4 de abril
Melón y tajá en mano
Cuando alguien quiere que otro, que de alguna manera depende del primero, le haga algo que le ha pedido, y se lo haga casi en el momento de la petición, e incluso para antes o, en el mejor de los casos en un plazo corto de tiempo, más corto de lo que normalmente llevaría tal actividad, es entonces que estamos hablando de una persona a la que se la puede y debe tildar de impaciente.
Impaciente:
que no tiene paciencia para esperar;
intranquilo o nerviosos, especialmente debido a
una espera o una falta de información;
que espera o desea algo con desasosiego o con
mucha impaciencia.
Y me pregunto: ¿fui un niño impaciente?,
¿seguí siéndolo a medida que crecí? Voy a más, ¿lo soy ahora? Me temo que a las
tres preguntas he de responder que no, al menos ese es el recuerdo y la
impresión que de entonces y de hoy tengo.
Sin embargo, como el decía mi madre que
ahora escribo va de impaciencia, me temo que tendré que reconocer que un poco
sí, pues si no ¿a santo de qué tengo grabada la frase que sigue más abajo?, la
cual siempre entendí que me la dirigiera como un simpático reproche cada vez
que yo mostraba signos de impaciencia.
Así que admitámoslo, tuve que ser impaciente y es por ello que escuché en muchas ocasiones lo de:
«Melón y tajá en mano»
No obstante, si lo fui y aún lo fuera, lo soy poco, que conste.
En una de aquellas ocasiones, coincidente con
una de las espaciadas visitas de mis padres a nuestra ciudad, mi padre detectó
en mí la agitación y nerviosismo que por aquellos días me dominaba. Al interés
que mostró por ello le respondí con algunas banalidades, sin entrar en el fondo
del asunto. A lo que él siguió con un simple pero consolador: «no pienses
ahora en ello, termina el día y verás como mañana amanece otra vez, como
siempre». Y así fue, amaneció nuevamente y el tema, aunque se desarrolló
mal, como yo esperaba, no lo fue con el desasosiego, por mi parte, que aquella
circunstancia requería.
Parece que me he alejado de la cuestión cuando,
lo esencial, lo importante es la simple recriminación que mi madre, de vez en
cuando, me dispensaba si me impacientaba por algo que le hubiera pedido o que yo
deseaba me hiciera, y ella tardaba en dármelo o en hacerlo. La cosa no pasaba a
mayores, yo siempre supe esperar, o aguantar, que por entonces venía a ser lo mismo.
Pedir melón y antes de terminar la petición ya
debes tener la tajada en la mano: ¡Cuántas veces me viene a la cabeza la
frasecita!, muchas, y casi siempre sin venir a cuento, que suele ser cuando
corto en casa las tajadas de melón. Aunque no me resisto a soltársela a quien,
estando a mi lado, se haga merecedora de ella.
domingo, 24 de marzo de 2024
Oiga, perdone.
domingo, 17 de marzo de 2024
Te vas a enterar de lo que vale un peine
«Te
vas a enterar de lo que vale un peine»
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| Mujeres torturadas con un peine |
domingo, 25 de febrero de 2024
Confianza
domingo, 11 de febrero de 2024
Míralo, como si oyera llover
domingo, 28 de enero de 2024
La perra gorda.
Y es que Helen Mirren,
buena actriz donde las haya, sabe lo que dice: mejor un hasta luego sin conocer
a ciencia cierta hasta cuándo será ese luego, que perder unos átomos de energía
en disputas por gustos o ideas más o menos razonables, útiles o morales. Que es
preferible ceder, dar la razón, sí, darla entera y envuelta en papel de regalo
y lazo de color, evitando el debate cansino sobre un asunto al que no se ve la
salida, dejando al otro convencido del triunfo, ufano ante una victoria
inexistente, dar la razón, pero sin darla.
Esa es la madurez de la
que el texto habla, el saber cuándo una discusión no vale la pena tener, es
nuestro «para ti la perra gorda», que en el fondo no es más que el fin
de la discusión, la confirmación de la falta de crédito del otro, el escaso
valor de sus argumentos.
También se emitió otra
moneda, exactamente igual, pero de menor tamaño y la mitad de valor, a la que
se llamó “perra chica”.
En 1941 fueron
sustituidas por otras monedas del mismo valor, pero utilizando aluminio y con
un cambio de diseño: en el anverso un jinete íbero con lanza, y en el reverso
el escudo de España con el águila de San Juan. Un servidor conoció y usó estas
últimas monedas.












