Hace tiempo leí un texto que me llamó la atención, tomé unas notas resumidas sobre él que quedaron guardadas en una de tantas libretillas que vengo usando a lo largo de los años. Y tomé esas notas porque vi muy acertado el mensaje para el momento que estábamos viviendo, su adolescencia.
Y lo que son las cosas, acabo de encontrar la libretilla y, aunque aquella época ha quedado lejos, creo que para mí el sentido del texto sigue vigente.
Venía decir algo así:
«Todos los veranos, los padres llevaban en tren a su hijo a la casa de los abuelos en su pueblo. Al día siguiente los padres regresaban a la ciudad dejando al hijo con los abuelos.
Pasados los años, el niño les dijo a sus padres que ya era mayor y que deseaba ir solo a la casa de los abuelos. Los padres discutieron el tema y decidieron que sí, que era momento de que el niño hiciera el viaje solo.
Al despedirse en el andén de la estación, y después de hacerle al hijo multitud de recomendaciones y contestar éste que no se preocuparan, que había hecho el viaje multitud de veces, el padre le dijo, mientras le guardaba algo en el bolsillo: ‘Hijo, si de repente, durante el viaje, te sientes mal o temor por algo, abre este sobre y lee lo que hay escrito dentro’.
Por primera vez el niño se sintió solo a pesar de la gente que ocupaba los asientos del tren, se sentía observado, incómodo entre tantos desconocidos que le miraban con lástima —‘pobre niño que viaja solo’, pensaba el niño que sería el comentario de los que le miraban—. La tristeza se apoderó de él y comenzó a llorar. Entonces recordó el sobrecito que su padre le había puesto en el bolsillo y lo que le había dicho: ‘Hijo, si de repente, durante el viaje, te sientes mal o temor por algo, abre este sobre y lee lo que hay escrito dentro’. Buscó en su bolsillo, encontró el sobre y lo abrió. Sacó un papel que tenía escrito lo siguiente: ‘Hijo, estoy en el último vagón’.
Ésa es la actitud que debemos de seguir en la vida con nuestros hijos, que no es otra que confiar en ellos, que crean que viajan solos, que son capaces de hacerlo. Pero no, nosotros debemos de estar siempre cerca, viajar en el último vagón de su tren, por si acaso.

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