lunes, 27 de abril de 2026

VESÁNICO

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

VESÁNICO:

1. Adj. Que padece vesania.
Sinónimos: loco, demente, enajenado, violento, furioso, frenético, colérico.
Antónimos: cuerdo, sensato, equilibrado.
Etimología: del latín «vesanicus», que a su vez deriva de «vesania», locura o demencia.

Describe a una persona de conducta irracional, peligrosamente alterada, perturbadora, que actúa con furia, locura, fuera de sí, en desequilibrio mental.

La vesania es sinónimo de demencia, locura, furia.



domingo, 26 de abril de 2026

Maneras de tomar café

Cuentan que Ortega y Gasset —o fue Gregorio Marañón, no recuerdo exactamente a quién se atribuye la anécdota, pero a uno de los dos fue, seguro— comentó, ante el caos social y político que, durante los años treinta del siglo pasado, se estaba viviendo en España, que «cómo se iba a poder gobernar este país, cómo satisfacer a tanta gente, si ni siquiera entre los gobernantes consiguen conciliar decisiones, con la multitud de ideas distintas y contrarias, queriendo cada uno llevar su razón; cómo hacerlo si hasta para tomar café no hay acuerdo.
Bueno, seguramente las palabras exactas no fueron esas, pero el concepto queda claro: ya en la primera mitad del siglo XX había diferentes modalidades de servir el café.
Pues en ello pienso cada vez que me siento en la barra de un bar a tomar un café y escucho a los parroquianos pedirlo. Compruebo la variedad tan amplia que existe, le doy la razón a uno de aquellos dos sabios, a la vez que me digo que si hoy vivieran podrían comprobar que, seguramente, se ha multiplicado por diez o más el número de formas distintas de tomar un café con respecto a las que ellos conocieron.
A aquellos cafés de entonces habría que añadir hoy no sólo los descafeinados que, aunque descubierto el sistema para eliminar la cafeína en 1903, no debieron de popularizarse en España hasta mucho después; sino también los que la ciencia y la búsqueda de la buena salud nos han traído: con leche desnatada, semidesnatada, con leche sin lactosa, con zumo de avena, o con alguna variedad más que desconozco pero que, seguro seguro, existe; con la leche fría, o templada, servido en taza, o en vaso de caña. Y todo ello sin entrar en locales en los que se puede elegir hasta la procedencia del café, su punto de tueste o de torrefacción o el dibujito sobre la espuma de la leche batida.
¿Y esto venía a santo de qué, Mánuel?

Ah, ya. Resulta que estaba un servidor sentado en la barra de la cafetería de un conocido centro comercial tomando un café con leche normal, como siempre, a la vez que observaba el trajinar de las tres empleadas que atendían detrás de la barra: una de ellas, Manoli, con dedicación completa a la cocina, tostadas y más tostadas —otro día habría que escribir sobre el nuevo mundo de la tostada que, de unos años para acá, se ha abierto en esta mi ciudad—; otra, Yesi, sin quitar la vista de la cafetera, venga a sacar cafés de todos los nombres e infusiones también variadas; y la última, a la que ninguna de las otras dos nombraba, ya que era ella la que, llevando la voz cantante, daba las órdenes a las dos primeras, moviéndose de un lado a otro de la barra, desplazando sin parar su llamativo volumen sin entorpecer ni hacer colapsar el trabajo de sus compañeras, quitando servicios ya consumidos, pidiendo comandas a los clientes, trasmitiendo a las otras dos colegas dichos encargos —a la primera la amplia variedad de tostadas, y a la segunda la interminable lista de cafés disponibles—, poniendo los nuevos servicios, cobrando las consumiciones; y vuelta a empezar. Y todo ello sin perder ninguna de las tres la compostura ni mostrar aceleración en sus movimientos; impolutos sus uniformes, incluido el rojo mandil. Una maravilla de servicio, a lo que añado un trato agradable y correctísimo: ¿qué va a tomar, cariño?; son cuatro veinte, cielo; ¿con qué me dijo que iba la tostada, corazón? Y algunas otras maneras más de mostrar afecto que no anoté. Estuve a punto de obsequiarla con algo parecido en el momento de pedir mi cuenta, pero me contuve, que no están los tiempos para familiaridades desde el lado de los hombres.

Y aquí viene el tema en cuestión, en los no más de veinte minutos que permanecí en la barra de la cafetería pude escuchar no menos de diez o doce modos distintos de pedir un café: café con leche en taza, en vaso, me lo pone con la leche templada; cortado, cortado con la leche fría; café con leche desnatada; café solo, solo doble; americano templado; ¿me da un vaso para enfriar?, y un etc. que, como en el caso de las muestras de cordialidad, tampoco anoté pero que puedo asegurar, era extenso.

Pero lo mejor, lo que aún da más valor a lo que allí estaba sucediendo, es que en ningún caso advertí error alguno: la mujer sin nombre podía pedir dos o tres tipos distintos de café y sin que estuvieran dispuestos aún por parte de Yesi, pedía otros más, fueran los que fuesen, y Yesi respondía con acierto. Una y otra vez. Y lo mismo con las tostadas, Manoli no fallaba, pero ya he dicho que de este tema no va el pensamiento de hoy.

Resumiendo, que si Ortega y Gasset, o Marañón, hubieran estado hoy en la cafetería presenciando la escena, se reafirmarían en su aquel comentario. Eso sí, habrían añadido que, a pesar del caos que pueda suponer la multitud de ideas del ser humano, de las luchas por hacer valer razones y, por supuesto, de los gustos distintos para tomar café de cada uno, hay asuntos que funcionan muy bien en este mundo, y uno de ellos es el trabajo de aquellas tres mujeres detrás de la barra.

lunes, 20 de abril de 2026

MODORRA


Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

MODORRA:

5. f. Somnolencia, sopor profundo.
6. f. Sueño muy pesado y, a veces, patológico.
Sinónimos: soñolencia, sopor, adormecimiento, soñera, letargo.

Es, en general, el estado de letargo en el que el sueño se apodera de uno, incluso o casi siempre en momentos inoportunos, y más comúnmente después del almuerzo.

Pero no sólo está referido al estado de la persona, también a la propia persona que padece la modorra patológica.

No confundir modorra con morriña, lo que hacen millones de personas. La morriña es el sentimiento de melancolía, tristeza o nostalgia, o las tres cosas a la vez, que se tiene por la tierra natal o el hogar cuando se está lejos, y se es gallego de origen.



lunes, 13 de abril de 2026

VITRIÓLICO

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VITRIÓLICO:

1. adj. Quím. Perteneciente o relativo al vitriolo o que tiene sus propiedades.
Sinónimo: virulento, amargo, ácido, cáustico.
Etimología: del latín “vitriolum”, y a su vez de “vitrum”, vidrio.

El vitriolo es como se conocía antiguamente al ácido sulfúrico, un producto líquido altamente corrosivo. Pero lo traigo aquí por su referencia a quien se expresa con extrema dureza o agresividad, e incluso con amargura. Alguien que en sus comentarios y críticas usa palabras cargadas de odio y resentimiento.
Personas a las que se le puede decir que sus palabras parecen veneno.


lunes, 6 de abril de 2026

EGREGIO


Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

EGREGIO:

1. Adj. Insigne, ilustre.
Sinónimos: eminente, preclaro, esclarecido, famoso, célebre, celebérrimo, afamado, notable.
Antónimos: ignorado, ignoto, vulgar.
Etimología: del latín «egregius», compuesto por el prefijo ex (fuera de), y el sustantivo grex, gregis (rebaño, grey).

 

Arcaísmo que literalmente significa «el que se aparta o sobresale del rebaño».

Define a la persona, institución u obra que de alguna manera es sobresaliente., que destacan sobre las demás de manera notable por sus méritos.

Es un vocablo que tiende a desaparecer porque a su vez tienden a desaparecer los que merecen ser calificados así.

Ilustro la entrada con la imagen de un pajarillo que vive en el noroeste de América del Sur llamado “dacnis egregio”, una especie de ave paseriforme de la familia de la familia Thraupidae, perteneciente al género Dacnis, que no tiene nada que ver con la palabra de hoy, sólo coincide con su nombre.



domingo, 5 de abril de 2026

Decirle tonto sin decir tonto

Cuántas veces tras una comida, o tomando un café, o cerveceando con un grupo de amigos, o durante una charla en un tiempo muerto en el trabajo con compañeros, no es necesario que sean muchos los participantes, te das cuenta que uno de ellos, o dos, pues no tiene por qué ser un ejemplo solitario, suelta una tontería, un comentario fuera de lugar, sin venir a cuento; o las encadena una detrás de otra como si ese fuera su gusto, y vuelve a hacer lo mismo en otras ocasiones, repitiéndose como si eso le fuera una necesidad, el aire a respirar, su profesión frustrada, su sueño por fin cumplido. ¿Te ha ocurrido, ¿verdad?, pues a mí también.
Y es a veces, o siempre, en medio de esa tertulia en la que el memo de turno se hace ver con machacona frecuencia, cuando a un servidor le entran ganas de hacérselo ver, entérate bobo, que lo eres y todavía nadie te lo ha dicho. Pero, ¿cómo se lo digo sin que se entere que se lo digo?, que lo último que quiero es hacerle daño, que bastante tiene con lo suyo. Y tampoco quiero que los demás, porque seguramente habrá alguno que todavía no sabe que el tipo es estúpido, lo descubran, que cada uno haga su esfuerzo, y lo valore, y lo juzgue y le diga tonto si así también lo considera.
Pues sí, me ha ocurrido en varias situaciones, no diré que muchas, sí las suficientes para hacerme meditar sobre el asunto, como ahora estoy haciendo. Pero de cuándo me ha sucedido, lo recuerdo, al tipo o a los tipos quiero decir, y de alguna ocasión, incluso recuerdo la ocasión. Es en esas circunstancias cuando he pensado lo de decirle al necio de turno que lo es, pero educadamente, sin ofenderle, que escuche mi opinión y no se altere ni siquiera momentos después cuando su cerebro ya la haya procesado, si es que su cerebro ha podido realizar tal maniobra. He de estar preparado para futuras ocasiones, debo anotar frasecillas oportunas para soltar en esos momentos, tratar de memorizarlas —esto es lo peor a estas alturas de mi vida—, la red de redes debe de estar llena de ellas. Buscaré ayuda.
La red de redes me ha ayudado y me ofrece un hasta el infinito y más allá. Dejémoslo sólo en unos pocos ejemplos:

Eres un inteligente asintomático.
Te faltan un par de veranos, o de inviernos, o de hervores, o de mareas.
Da la impresión de que el ascensor no llega al ático.
Admiro tu capacidad de opinar sin que el conocimiento interfiera.
¿Sabías que gracias a ti en los productos de limpieza pone ‘no ingerir’?
Me parece que te falta una papa para el kilo.
Aprecio cómo conviertes cada conversación en un ejercicio de paciencia.
Es admirable cómo la falta de información nunca frena tus ganas de opinar.
El mundo aún no está preparado para tus ideas.
A ti te mandan a espiar y tocas el timbre.
No eres el cuchillo más afilado del cajón.
Admiro cómo eres capaz de decir tanto sin aportar nada.
Tú eres de los que aplaudes cuando aterriza el avión, ¿verdad?
Es fascinante el sonido de tu voz cuando estas callado.
¿A qué no levantabas la mano en clase?
Siento envidia de la gente que no te conoce.
¿Practicas ayuno de neuronas intermitente?


Y las tres siguientes, quizás, sean las que más me gustan:
Existes porque debe de haber de todo en este mundo.
Me encantaría estar de acuerdo contigo, pero entonces estaríamos los equivocados.
Este muchacho no está terminado por el Señor
(de mi amigo el Pollo).