domingo, 28 de diciembre de 2025

El cansino lloriqueo de los milenial

 Leído por ahí:

Lo que algunos escriben y me hubiera gustado haberlo hecho yo.
Ni un ápice de razón le quito al autor: es cansino el constante lloriqueo de una generación que, a pesar de tenerlo casi todo y que les ha llegado por pura autogénesis, están empeñados en culpar al prójimo y en especial a la generación de sus padres, la mía.



domingo, 14 de diciembre de 2025

Ni el tiempo ni la ausencia.

Mientras paseo lentamente observando las casi irreconocibles calle y sus fachadas, me viene a la cabeza la letra de una canción, un poco deshilvanada pero que reconozco y no tardo en recomponer, que habla de cosas que uno cree que quedaron olvidadas, arrinconadas, y que sin embargo siguen ahí, acechándote, sonriéndote, haciéndote llorar.


Y es que no las mató ni el tiempo ni la ausencia. Y maldita la gracia que me haría si las matara, porque no me molestan ni avergüenzan, al contrario, las quiero vivas y recurrentes. Si no estuvieran yo no sería quien soy, ni tampoco quien seré. Así que no me reprochéis que guste de recordar, que en el recuerdo está mi vida y la de quienes quise y quiero.
Pues en esas andaba yo, porque andando iba, cuando observo que la acera por la que camino y que tantas veces recorrí, ida y vuelta al instituto o a otros menesteres, es más ancha, y más estrecha la calzada para los vehículos. Es tan ancha la primera que incluso se ha habilitado el espacio para terrazas de bares, hay varios, muchos más que entonces. En uno de ellos he quedado con alguien al que creo no ha matado ni el tiempo ni la ausencia. Veo una mesa vacía en la terraza del bar de la cita, me siento. El frío del otoño lo amortigua una de estas modernas carpas que amplían el local hacia el exterior, lo que hace que me sienta cómodo. Miro el reloj, aún falta tiempo para la hora acordada. ¿Qué va a tomar?, café, un café con leche, por favor.
Veo pasar gente y examino sus rostros. De los más jóvenes aparto la vista, imposible reconocerlos, de modo que mi mirada se dirige hacia los mayores y, entonces sí, alguna o varias caras conocidas que poco antes llevaban décadas olvidadas, pero a las que me es imposible poner nombre, ni situación, ni circunstancia que me ayude a encajarlos en algún momento de mi vida.
Los gritos de dos niños, que parecen ignorados, en una mesa cercana me sacan del juego en el que estaba. Menos mal que aparece quien debe ser su padre acompañado del camarero con unos colacaos y tostadas; les unta foie-gras en el pan y se marcha dejándolos solos; quedan en silencio hasta terminar las tostadas, después retornan al griterío; el padre vuelve a salir del interior del bar, cuando cree que ha puesto orden se vuele a marchar; y vuelta el juego a empezar. Los dejo por imposibles.
En la mesa de mi derecha cuatro señoras, a las que me atrevo a poner más edad que yo, sí, seguro, charlan animadamente y en un tono adecuado. Dos toman té, una café y la cuarta una cerveza, apenas son las doce del mediodía. Las miro detenidamente y llego a la conclusión de que con la cuarta de las señoras, que se me antoja espléndida, sí tomaría yo una cerveza, y dos. En este caso el hábito hace al monje, la bebida y el aspecto.
Sigue pasando gente y sigo sin reconocer con claridad a nadie. Llega mi cita, puntualísima, nos saludamos con un abrazo. Al poco compruebo que, efectivamente, hay cosas que no las mató el tiempo ni la ausencia, porque a la mínima se recuperan, cuando no reviven, que están ahí, susurrándote al oído que la verdad es eterna cuando de verdad es cierta. Sólo basta para ello una tranquila conversación, sin disfraces ni falsas cortesías, para confirmarme que un rato con un viejo amigo y aquella canción son dos rotundos placeres para el cuerpo.

lunes, 10 de noviembre de 2025

CAGAPRISAS

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

CAGAPRISAS:

1. m. y f. malson. coloq. Persona impaciente, que siempre tiene prisa.
Sinónimo: apurón, apurete.

Esa persona lo hace todo rápido y casi siempre sin razón, lo que le suele llevar al descuido y al error por falta de atención. Y es aún peor, pues suele también meter prisa a los demás.
Podría decir que conozco la palabra desde toda mi vida, lo cual no puedo hacer extensivo a los sinónimos que ofrece la RAE, los acabo de leer por primera vez. Añado otros más comunes: impaciente, acelerado, apurado, aturullado.


domingo, 2 de noviembre de 2025

LIMERENCIA

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LIMERENCIA:

Estado mental involuntario del que resulta una obsesiva atracción romántica por parte de una persona hacia otra.

Sinónimo: amartelamiento.

En esa situación —pensamientos intrusivos, idealización de la otra persona— la reciprocidad del sentimiento es incierta, o nula, pudiendo afectar gravemente al bienestar emocional del enamorado cuando comprueba que su circunstancia es un camino de un solo sentido.
Aún no está reconocida por la RAE, que recomienda el uso de amartelamiento: «Exceso de galantería o rendimiento amoroso», digamos que por aproximación.




De regreso a casa.

Viaje de regreso a casa, desde el pueblo. El mismo camino de siempre, poco que inventar, los paisajes se repiten, los tiempos, sólo cambia que hoy voy sin compañía. Pocas veces ha ocurrido, casi siempre con ella, con los niños. Hoy sin embargo viajo solo. Quizás sea por eso que decido hacer algo distinto a lo habitual: el lugar donde hacer un descanso y tomar un café no será el de siempre. Elijo otro establecimiento, muy cercano al que acostumbramos, pero para el que debo desviarme ligeramente de la ruta. Salgo de la autovía, me dirijo hacia la antigua carretera nacional y al poco me detengo a la puerta de una antigua venta que aún sigue ahí.
Nada más aparcar me alegro de haber tomado la decisión, el lugar está infinitamente más tranquilo que el que acabo de evitar, con autobuses en el aparcamiento y decenas de vehículos particulares. Aquí, apenas un puñado de coches ocupan la pequeña esplanada, y en el interior los clientes llenan nada más que dos mesas. Para tratarse de un café durante una parada del viaje, lo tomo con olvidada tranquilidad. Lo apuro y, mientras observo el local y los productos expuestos a la venta, típicos de la zona y de otras, resuelvo que no volveré a la autovía, que continuaré mi camino por la vieja “nacional”, Vía de la Plata por la que tantas veces transité, ida y vuelta, tal vez demasiadas veces, o acaso pocas, que nunca estoy seguro. Salir de esta duda me cuesta, por mucho que planteo el dilema, y lo he hecho numerosas veces, no llego a solución cierta.

Vuelvo al coche, arranco el motor y me pongo en marcha. Sé que tomar la “nacional” me supondrá algunos minutos más de viaje, iré más despacio, numerosas curvas e incluso la fugaz observación del paisaje me hará perder tiempo. No son razones suficientes para hacerme volver a la autovía. Además, pienso que aumentar el recorrido va a ser una manera de estirar la estancia en el pueblo, de permanecer unos minutos más en mi tierra. Como si no hubiera tenido bastante con los casi tres intensos días, de los que no me ha sobrado ni un minuto, al contrario, hubieran hecho falta más. ¿Cuándo me decidiré a dilatar estas estancias cinco, seis días, una semana? Y permanecer hasta que, llegado el momento en que me sienta lleno, busque el camino de regreso. ¿Pero de regreso a dónde?, sí claro, a casa, que allí ya no tengo casa, que en mi pueblo no tengo casa.
Y ha sido como predije al montarme en el coche: el tiempo, y con él el camino, se alargó no sé cuánto. Pero mereció la pena: viaje sosegado, música a bajo volumen, centenares de encinas, algunos moteros buscando amables curvas, la vuelta a un paisaje que por culpa de la autovía creía olvidado, pensamientos añejos, ideas que se aclaran, otras que enturbian a alguna que se había aclarado. 
Y así hasta retornar a la autovía para acceder a la ciudad, lo que hizo que casi todo se empañara.

lunes, 27 de octubre de 2025

PERIGALLO

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PERIGALLO:

1. m. Pellejo que pende con exceso de la barba o de la garganta y que suele proceder de la mucha vejez o suma flacura.
2. m. Especie de honda hecha de un simple bramante.
3. m. Cinta de color llamativo, que llevaban las mujeres en la parte superior de la cabeza.
4. m. coloq. Persona alta y delgada.
5. m. Mar. Aparejo que sirve para mantener suspendido algo.

No es precisamente una palabra extraña, pero sí curiosa, y para mí hermosa y sobre todo evocadora.
La traigo aquí porque merece ser la sexta acepción que el DRAE no recoge y debería definirla como «instrumento hecho con la juncia de río a modo de bastón unos, y de látigo otros, que los padres hacían a sus chiquillos en mi pueblo el día del Corpus».
Hoy en día, la juncia está super protegida y ya no se alfombran con ella las calles ese día. Así y todo, algún nostálgico sigue haciéndolos.



domingo, 26 de octubre de 2025

Decepción

Tomábamos, un amigo y yo, café en una terraza a mitad de una de esas mañanas cálidas y luminosas que la primavera regala a esta ciudad, en un silencio sólo roto por el rumor de conversaciones vecinas. Apenas apurada su taza, que mi amigo acariciaba con indisimulado nerviosismo, me espetó sin preámbulos la pregunta:
 — ¿Tú crees que una madre puede decepcionarte diez años después de su muerte?
Forcé un silencio que duró más de lo que mi amigo esperaba mientras concluía mi café. Así que volvió a formularme la pregunta, pero ahora con un tono acuciante; aunque sin alzar la voz se notaba que me exigía una respuesta y en cualquier caso con urgencia. Sin tener preparada mi contestación no me quedó otro remedio que responderle con otras preguntas.
— ¿Qué ha pasado?, ¿qué sucede para que me hagas una pregunta así?
Durante breves segundos pensé que para que alguien se planteara una pregunta como la que acababa de hacerme debería de haber ocurrido alguna situación sorpresiva, como el descubrimiento de un documento del pasado cuyo contenido, a saber qué, hubiera llevado a mi amigo a considerarlo la causa de la decepción; o la revelación por parte de un tercero de algún hecho, hasta ahora oculto, en el que la madre de mi amigo hubiera sido parte, y cuya actuación no hubiera sido legal o ni siquiera honesta.
Sin respuesta a mis preguntas le hago saber mi doble argumentación a fin de que me indique dónde está el origen del desencanto. Nuevo silencio, la conversación no avanza, mejor pido otro café, mi amigo un vaso de agua. El camarero nos trae lo pedido y al marcharse, mi amigo se arranca, por fin:
— Verás, hace unos días nos reunimos unos familiares y algunos más que sin serlo sí he de decir que me son cercanos, aunque mi relación con ellos sea poco o nada intensa. Se trataba de una comida. Después unas copas y la conversación que iba de un tema a otro, casi todo intranscendente. Luego un giro más a lo personal y alguien que trae a colación el buen recuerdo que tiene de mi madre. Hasta ahí todo bien, había cariño y afectividad en sus palabras. Por un momento incluso me emocioné.
Siguió su monólogo en el que incluyó alguna anécdota vivida con ella y recordó retazos de cierta conversación. Pues resulta que, en esa conversación, de la que fui yo el tema central, mi madre le habló de mis virtudes y valías, lo cual no está mal hacerlo cuando de un hijo se trata. Pero también habló de lo contrario, de los defectos que me han acompañado en mi vida desde el principio de mis tiempos, faltas e incapacidades de las que siempre he sido consciente, y que ella me hacía saber y, con toda seguridad, intentó corregir.
No me molestó que dijera todo aquello de mí, no me molestó que lo supiera, ni siquiera que lo estuviera exponiendo ante otros, no, no me molestó. Me enfadó que lo hubiera sabido porque mi madre se lo había dicho. Mi madre no tenia derecho a compartir con nadie las opiniones negativas que tuviera de mí, mi madre no tenía que hablar mal de mí con nadie, mi madre debió de darse cuenta que comunicando a otro sus juicios sobre mí, podría perjudicarme.
Me sentí avergonzado escuchando lo que aquella persona estuvo contando. Menos mal que en el local había poca luz y nadie notó mi sonrojo. Apenas comenté aquello, sólo un «no sé, no creo que mi madre dijera eso de mí», pero lo hice con tan poco volumen que nadie debió de enterarse.

Poco o nada pude contestar a su relato, le hice saber cuánto lo lamentaba y afeé la conducta de la persona que le hizo la revelación. Por cierto, la conozco y estoy seguro que su pretensión al confesar aquella conversación estaba exenta de maldad. Mi amigo, ya con algo de desahogo en el cuerpo y en agradecimiento al tiempo que dediqué en escucharlo, quiso pagar los cafés. Me negué, por supuesto —«no hombre, pago yo, que he tomado dos»—.



lunes, 20 de octubre de 2025

RUBICÓN

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RUBICÓN:

1.    loc. verb. Dar un paso decisivo arrostrando un riesgo.

Dice también la RAE: «Por alusión al momento en que Julio César, sin autorización del Senado, cruza con sus legiones el río Rubicón, que marcaba la frontera entre Italia y la Galia Cisalpina», dando comienzo a la segunda guerra civil de la República de Roma, que tuvo como consecuencia la creación del Imperio. De aquel momento queda la frase inmortal de Julio César: «Alea iacta est», la suerte está echada.

Es decir, es un punto de no retorno, donde se toma una decisión irreversible que tendrá consecuencias significativas. Cuando ya no hay vuelta atrás, el único camino es seguir hacia delante.

Recuerda también a la quema de las naves, o el hundimiento, por parte de Hernán Cortés al llegar al continente americano.



 


domingo, 12 de octubre de 2025

AMBAGES

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AMBAGES:

1. m. pl. Rodeos de palabas o circunloquios.
2. M. pl. Rodeos o caminos intrincados, como los de un laberinto.
Sinónimos: rodeos, circunloquios, sutilezas.
Etimología: del latín «ambages», rodeos, laberintos.

Los rodeos que se dan al expresarse y que denotan la ausencia de claridad.
No confundir con la perífrasis, aunque son términos muy parecidos, pues en esta última la intención está en utilizar más palabras de las necesarias para expresar una idea o concepto evitando expresiones comunes; mientras que el término ambages pudiera contener cierto interés en confundir e incluso ocultar la realidad de lo que se comunica.
Como curiosidad, la palabra ambages no tiene singular.


lunes, 6 de octubre de 2025

INEXORABLE

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INEXORABLE:

1. adj. Que no se puede evitar.
Sinónimos: inevitable, ineludible, inapelable, irremediable, ineluctable.
2. adj. Que no se deja vencer con ruegos.
Sinónimos: implacable, inflexible, inclemente, intransigente, duro, cruel, despiadado, riguroso, severo.
Antónimo: exorable.
Del latín inexorabilis.

Inexorables son esas situaciones, hechos o consecuencias que son inevitables, que no se pueden eludir. El ejemplo más claro, el paso del tiempo.
Inexorables son aquellas personas que, a pesar de los ruegos y súplicas, serán inflexibles en sus posturas.

domingo, 5 de octubre de 2025

Salirse del camino

En uno de mis paseos matinales —los hago casi a diario, entre una hora y hora y veinte minutos, y casi siempre por cuatro o cinco rutas establecidas que voy alternando sin orden— intentaba recordar si durante el camino hasta ahora realizado en mi vida, sesenta y siete tacos ya, había pensado en alguna ocasión cambiar su curso y elegir otro destino distinto al que en aquel momento me dirigiera, haber tomado un atajo, o cambiar de medio de transporte. Todo esto en sentido figurado, claro.
Porque mi juego mental para ese día—acostumbro a ello para hacer más entretenido el paseo: narrarme una historia nunca vivida por mí, recordar otra real incluyendo olvidados pero posibles diálogos, fantasear con alguna idea o un sueño o, en la mayoría de las ocasiones, contarme lo que voy viendo como si se lo estuviera haciendo a otra persona—, decía que, ese día, mi entretenimiento consistía en pensar qué me hubiera sucedido, o me sucedió, si en alguna ocasión, y cuando tenía la vista puesta, las ganas y los medios para llegar a un fin concreto, estuve a punto de optar, u opté, por tomar otra senda y destinar esos esfuerzos a otro propósito.
No había llegado aún a poner en orden el pensamiento cuando a la salida de una curva, a mi derecha, vi que partía un camino en el que nunca había reparado. Una breve pausa e inmediatamente decidí tomarlo. Por la orientación sabía a donde me llevaría, mentalmente calculé distancia y tiempo, y por supuesto tuve en cuenta la posible vuelta y también el rodeo que daría si decidía retomar mi camino original más adelante. A pesar del exceso de tiempo y distancia me aventuré a recorrerlo, seguro de que las fuerzas me responderían.
Ni que decir tiene que olvidé por completo aquella reflexión sobre itinerarios vitales del pasado, caminos marcados o por marcar, miedos para salir de ellos o ilusiones para seguir adelante o tomar otros. Me dejé de filosofías y me centré en el nuevo paisaje que, aunque aparentemente igual a otros de este entorno en el que provisionalmente resido, tenía detalles que lo hacían diferente:

Entre geométricos cultivos a punto de ser cubiertos por bóvedas de plástico, se levantaban enormes muros de cañas invasoras, sobre las que no concibo el actual respeto legal; dos gatos cruzaron el camino delante de mí y desaparecieron entre la maleza —me pregunto qué hacían esos animales en medio del campo y la respuesta es obvia: los gatos conviven con los humanos y en el entorno hay pequeñas cortijadas, edificaciones agrícolas, y ellos andan por aquí porque también debe haber roedores, y la presa llama al depredador—; una ruidosa y veloz furgoneta, ajena a mi presencia y al mal estado del sendero, me adelantó obligándome a orillarme; dos descuidadas palmeras flanqueaban la entrada a una propiedad; adelanté a una señora que caminaba bajo un paraguas, buenos días, pero no me contestó porque unos auriculares le impedían escucharme. 

Llego al final del camino y retorno a mi pensamiento inicial, que durante un buen rato había olvidado por completo. Recapitulo y considero, porque tengo recuerdos —unos vagos y otros concretos—, que sí, que hubo caminos que abandoné por buscar otros destinos, que en otras ocasiones me vi obligado a ello, o me empujaron, o fue el azar, o Dios sabrá. Pero creo que no tuve miedo cuando me adentraba en una dirección nueva, siempre pensé que lo que me esperaba iba a ser mejor, aunque no siempre fue así, mas no por ello renuncié a sueños y prioridades, a pesar de las necesidades y peajes que ello me ha conllevado. Ni tampoco me refugié en el arrepentimiento, ¿de qué me habría servido?

Al final concluí que sí, que merece la pena salirse del camino establecido, que es beneficioso para el cuerpo, para los sentidos, para la mente y el corazón. A pesar de que, como en aquel paseo matinal mío, me viera obligado a dar un largo rodeo para reencontrarme con mi camino primitivo.

lunes, 29 de septiembre de 2025

PAREIDOLIA.

 

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PAREIDOLIA:

Fenómeno psicológico donde el cerebro percibe de manera errónea, en objetos inanimados o estímulos ambiguos y aleatorios, formas o patrones que le son familiares.

Del griego eidolon, figura o imagen, y para, junto a.


Sinónimo (aunque no del todo): Apofenia


Generalmente la tendencia es a encontrar caras en nubes, fachadas, rocas o manchas.
No debe entenderse como una anomalía de nuestro cerebro, sino un funcionamiento normal en la búsqueda de la coherencia.
Es una voz perteneciente al léxico científico que aún no ha sido incluida en el diccionario general, DRAE, lo que no debe entenderse como censura.



lunes, 22 de septiembre de 2025

CONTICINIO

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CONTICINIO:

1. m. p. us. Hora de la noche en que todo está en silencio.
Del lat. conticinium.(callar, guardar silencio).

Es ese momento de la noche en el que han cesado todos los ruidos habituales, la quietud es máxima y reina el más profundo silencio.
Se trata de un término poético, muy poco usado, si acaso en literatura.


lunes, 15 de septiembre de 2025

GISTE

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GISTE:

1. M. Espuma de la cerveza

Del alemán Gischt (espuma).

Se trata de un término técnico y meramente formal para referirse a la espuma que se forma en la parte superior de un vaso de cerveza al servirla. Ese elemento, el giste, indica la frescura y la calidad de la cerveza siendo su consistencia un índice de esas características: a más consistencia, más calidad.
El giste está asociado al comportamiento de la levadura durante el proceso de fermentación, dependiendo también de la técnica a la hora de servir la cerveza y de la limpieza y temperatura del vaso.
El giste, la espuma, guarda el aroma, el sabor y la temperatura de la cerveza, además de ser un bonito adorno.
En resumen, cuando pides una cerveza, lo que comúnmente llamas "espuma", técnicamente se denomina giste.



domingo, 14 de septiembre de 2025

De postre, fruta.

Estamos terminado de comer. Andamos liados con el postre que, en mi casa, casi siempre es fruta; hoy melón, en tajadas que, invariablemente, corto yo. Por mantener alguna conversación se me ocurre hablar sobre lo que tengo entre manos, o sea frutas: las clásicas, de siempre, y otras de más moderno consumo. En fin, sobre mis preferencias en el tema.
Establezco mi orden de prelación comenzando por la sandia y el melón, a partes iguales, no sólo movido porque ahora lo esté consumiendo al ser precisamente verano, además de ser las frutas que mejor identifico con esta estación, sino porque de verdad me gustan y mucho. Ese el principal argumento para situarlas en lo más alto del podio, ¿o puede haber otro?
Luego vienen las clásicas, sin un orden muy estudiado, la verdad. Las coloco todas en el mismo cajón y las voy nombrando conforme me vienen: naranja, pera, manzana, plátano, melocotón, y alguna más. Ni siquiera me acordé de la fresa, que en su temporada la consumo, pero sin exceso. De algunas de ellas me viene el recuerdo juvenil de su recolección y del primer dinero que llevé a casa.
Ella me interrumpe y me recuerda la piña, pero enseguida la corrijo porque esa fruta, que sí se come en esta casa, la voy a incluir con esas otras con las que me trato poco, frutas de origen tropical, y que antes denominé de moderno consumo: kiwi, chirimoya, mango, papaya, aguacate y alguna más.
A esta altura de la conversación, el medio melón adquirido a primera hora de la mañana está a dos o tres tajadas de llegar a su final. Y es cuando me acuerdo de una de las clásicas que no he mencionado: la ciruela, en sus distintas variantes. Si miras Wikipedia te sorprenderá encontrar ocho o diez variedades; y hasta diecisiete más que, por su similitud, se podrían denominar también ciruelas. Amplio mundo el de las ciruelas.
Pero por más que leo no encuentro ninguna nombrada de “San Antonio”, que así era como llamábamos (¿o eran de San José?) a las que daba, evidentemente, un ciruelo que se encontraba al pie de la carretera del Badén del Zújar a Entrerríos, y al que de vez en cuando, y si era su tiempo, acudíamos Manolo y yo a comernos tres o cuatro o las que dieran lugar, las comíamos y vuelta a casa.

Posdata curiosa:
Busco en la red algún dato sobre las ciruelas San Antonio, y lo poco que encuentro está relacionado con un de los caseríos, llamado Las Ciruelas, que en 1915 conformaron administrativamente lo que hoy es San Antonio de Alajuela, distrito de Alajuela, cantón 1º de la provincia de Alajuela, Costa Rica.
Ya sé que el dato no lleva a ninguna parte, que estábamos hablando de frutas no de la división administrativa de Costa Rica. Y es que los caminos de internet son inescrutables.

lunes, 8 de septiembre de 2025

ALIPORI

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ALIPORI:

1. m. coloq. Vergüenza ajena.
Sinónimo: Lipori.

Palabra rara, poco usual, pero hermosa al pronunciarla. He encontrado su escueto significado en el DRAE del internet, porque en la edición de papel que tengo, 21ª edición de 1992, no aparece.
Y su significado es claro: la incomodidad o el desagrado que se siente a causa de lo que otro hace, ha hecho, dice o ha dicho; al escuchar palabras inoportunas o presenciar acciones ridículas.


lunes, 1 de septiembre de 2025

LETOLÓGICA

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LETOLÓGICA:

Incapacidad para recordar determinada o determinadas palabras
Sinónimos: amnesia parcial, bloqueo mental, laguna mental.

Se trata de algo frecuente, independientemente de la edad. El individuo sabe lo que quiere decir pero no consigue articular la palabra; es lo que se suele decir como “lo tengo en la punta de la lengua”.
Ojo, no es un tipo de afaxia, pues no supone la existencia de una lesión cerebral.



lunes, 25 de agosto de 2025

DÁDIVA

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DÁDIVA:

1. f. Acción de dar gratuitamente.
Sinónimos: donación, obsequio.
2. f. Cosa que se da gratuitamente.
Sinónimos: regalo, donativo, limosna. Óbolo, presente, propina, regalía.

Es ese obsequio que se da sin esperar nada a cambio, de manera gratuita y casi siempre implicando generosidad.
Por tanto, las personas generosas dadivan —del verbo dadivar—, son dadivosas.


domingo, 24 de agosto de 2025

La carga heróica del Laureado Regimiento...

Leído por ahí:
lo que algunos escriben y me hubiera gustado haberlo hecho yo.


La carga heroica del Laureado Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 10 en las orillas del río Igán

Por Darío Madrid

El 23 de julio de 1921, 691 jinetes españoles pertenecientes al Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 10 cargaron en siete ocasiones en las orillas del río seco Igán, contra las tropas de Abd el-Krim para proteger la retirada de sus compañeros de Annual. Murieron 551.
Los compañeros que trataban de proteger procedían de la posición de Annual. El general Silvestre había ordenado la retirada después de suponer que 10.000 rifeños les cercaban. Los españoles no superaban los 5.000 hombres y carecían de víveres, agua y municiones.

El general Silvestre fallece en extrañas circunstancias. Algunas versiones afirman que se suicidó al ser herido y verse rodeado de enemigos. Su cuerpo nunca fue hallado. Tomará el mando el general Felipe Navarro que había llegado a Annual el día anterior.

Navarro tiene que dirigir una retirada de tres mil soldados españoles y dos mil indígenas. Tienen que atravesar un territorio árido donde abundan las alturas y los desfiladeros. El primer objetivo es tratar de alcanzar Batel a unos 19 kilómetros. Desde allí tratarán de alcanzar Melilla.
Al frente del Regimiento de Alcántara nº 14 se encontraba el teniente coronel Fernando Primo de Rivera. Morirá en Monte Arruit días a causa de la gangrena de las heridas que le produjo la explosión de una granada. El Regimiento se había establecido en Dar Drius.
A las siete de la mañana del 23 de julio, un escuadrón del Regimiento de Alcántara tiene que salir de Dar Drius para proteger en una primera ocasión de aquel día a los compañeros que se baten en retirada. Se ven obligados a cargar contra los moros y causan muchas bajas.
Regresan a Dar Drius a las once de la mañana, pero en seguida se ven obligados a volver a salir en compañía de todo el Regimiento. Tienen que proteger a dos columnas que solicitan ayuda. Cargan, matan a varios de los atacantes y los dispersan.
A la una y media llega al Regimiento la noticia de que un convoy ha quedado atascado en el cauce seco del río Igán. Los rifeños están tiroteando a las ambulancias. Cuando llegan nada se puede hacer. Todos los ocupantes de las ambulancias están muertos, muchos de ellos degollados.
El Regimiento trata de regresar a Dar Drius pero según se van acercando ven que el poblado está ardiendo. Observan que una columna ha logrado escapar para tratar de llegar al fortín de Monte Arruit pero los rifeños están posicionados en el río Igán impidiendo el paso.

Primo de Rivera arenga a su tropa: “¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas la mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos.”
Tienen la orden de desalojar al enemigo de sus posiciones al precio que sea. El Regimiento se lanza al galope colina arriba blandiendo los sables. Según se acercan reciben fuego intenso de fusilería. El teniente coronel Primo de Rivera pierde su montura y sigue luchando de pie.


Los disparos de los rifeños causan numerosas bajas en hombres y caballos. El Regimiento de Alcántara nº 14 carga hasta en siete ocasiones. La última al paso. Cada carga la hace un número menor de soldados. Logran que el enemigo se retire, pero el 80% del Regimiento ha perecido.
De los 691 integrantes del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 14, 551 han fallecido, el resto están heridos o han sido hecho prisioneros. Casi todos sus caballos han muerto en el combate. El Regimiento ya no tiene capacidad para seguir luchando.

Gracias a las siete cargas del Regimiento de Alcántara nº 14, la columna que había logrado escapar del asedio de Dar Drius logra llegar a Monte Arruit. De los cinco mil soldados que habían partido de Annual alcanzan Monte Arruit unos tres mil.

En Monte Arruit resistirán en penosas condiciones hasta el nueve agosto. Sin agua, sin provisiones, sin municiones, abandonados a su suerte por el mando, el general Navarro pacta con el enemigo el traslado hacia Melilla siempre que la fuerza española entregue el armamento.
Formados los tres mil supervivientes en el exterior de la fortificación, los rifeños comienzan a disparar a traición contra los soldados desarmados. Muchos son degollados. Sus cadáveres quedarán insepultos dos meses. Respetan la vida de 60 militares, incluido el General Navarro.



Reconquistada la posición, uno de los primeros que halla los cadáveres será el comandante Franco de la 1ª Bandera de la Legión: “Renuncio a describir el horrendo cuadro que se presenta a nuestra vista. La mayoría de los cadáveres han sido profanados o bárbaramente mutilados.”
Entre el 22 y el 9 de agosto de 1921 murieron cerca de 8.000 militares al servicio de España (españoles e indígenas) por un enemigo claramente inferior a causa de la ineficacia y la cobardía de sus mandos. Nunca tenía que haber ocurrido el llamado “Desastre de Annual”.
El Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 14 fue condecorado la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva en junio de 2012.
Esta es la hazaña inmortal del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 10.




lunes, 11 de agosto de 2025

ARREBOL

 

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ARREBOL:

1. m. poét. Color rojo, especialmente el de las nubes iluminadas por los rayos del sol o el del rostro.
Sinónimos: rojo, encarnado, colorado, rojizo, carmín, carmesí, escarlata, bermellón.
2. m. colorete.
3. m. pl. arrebolada.
Sinónimo: candilazo
.


En la primera acepción se refiere al fenómeno atmosférico que sucede en el momento del amanecer, pero más común es en el atardecer, cuando el cielo se tiñe de rojo, describiéndose múltiples tonalidades.
Si el color es el arrebol, el efecto es la arrebolada que, junto a su sinónimo, candilazo, son palabras también preciosas.


domingo, 10 de agosto de 2025

«Sí, y tú ¿qué?».

¿De cuántas maneras se pueden desear los buenos días?, así al pronto, dos o tres son los más usuales y que la cordialidad obliga: buenos días, buen día. Poco más.
El campo se puede ampliar si se le quiere dar un toque simpático —feliz mañana; buenos días por la mañana; comienza el día, a disfrutarlo—, u optimista —¡a comerse el mundo!; por fin empieza un nuevo día— e incluso cariñoso — empecemos juntos este nuevo día; ¡qué suerte comenzar este nuevo día contigo! —.

Pero ninguno como los buenos días que me dieron hace poco. Pongo en situación:
En lo que ahora se llama segunda residencia, unos familiares cercanos y mi familia somos vecinos. De pared con pared, o sea, muy vecinos. Desde nuestras terrazas nos vemos, hablamos, intercambiamos alguna necesidad —¿tienes azúcar, sal, laurel?, cosas normales—. Así es el que forme parte de nuestra cotidianeidad compartir, a corta distancia, el primer café de la mañana, el almuerzo o una copa al atardecer.
Pues fue hace unos días que en esas estábamos, el primer café de la mañana y el diálogo protocolario que suele suceder a esa hora, que si hoy hará más calor o parece que hará menos, casas de esas, cuando apareció el hijo mayor de los vecinos, lo que viene a ser mi sobrino, bien pasado de los treinta, vestido con la misma ropa de su última salida nocturna, ¿o era el pijama?, o ya se había vestido para bajar a la playa. No sé, en verano y en esas latitudes, cualquier vestimenta sirve para cualquier momento.
La cuestión es que desde mi terraza se le dieron los buenos días, a lo que él contestó, con un poquitín de retardo, un lacónico «Sí, y tú ¿qué?».
Me pareció una réplica surrealista, pero no por ello menos extraordinaria, tanto que me obligó a sonreír agradeciéndole tan sorpresiva ocurrencia. Sin embargo, él apenas le dio importancia, se trataba de algo que formaba parte de sí mismo, de su forma de comunicarse, otro lenguaje al que ya no llego pero que no me resisto a entender.

Así que anoté la frase en mi libreta y la guardé para la ocasión que ahora me ocupa.

OXÍMORON

                                                                                   Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

OXÍMORON:

1.    m. Ret. Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador. 


Ejemplos para entenderlo: muerto viviente, claroscuro, calma tensa, agridulce, soledad sonora, docta ignorancia, luz oscura, pequeño gran hombre; y así muchos más.
Curiosidad: es palabra esdrújula pero nunca, hasta ahora me había dado cuenta, siempre la leí como aguda. Y, además, su plural no termina en s, es decir, los oxímoron.



lunes, 4 de agosto de 2025

FILOCALISTA.

                                                                             Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

FILOCALISTA:

Dice la Inteligencia Artificial que FILOCALISTA está referido a una persona amante de la belleza, con una especial sensibilidad para apreciar y valorar la estética y la armonía en los detalles más pequeños y cotidianos

Sinónimo: Esteta

Es decir, el que es capaz, y también la que es capaz, de apreciar las pequeñas cosas, por ejemplo, de la vida: una puesta de sol, la sombra de un árbol, una canción, una maceta, una vieja puerta, un café en una terraza, unos buenos días; en fin, cosas así.



lunes, 28 de julio de 2025

SINESTESIA

 

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...




1. f. Biol. Sensación secundaria o asociada que se produce en una parte del cuerpo a consecuencia de un estímulo aplicado en otra parte de él.
2. f. Psicol. Imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente.
3. f. Ret. Unión de dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales, como en soledad sonora o en verde chillón.

Es decir, es un fenómeno neurológico y sensorial, o sea, una anormalidad, en la que la estimulación de un sentido provoca reacción en otro: dos sensaciones distintas se unen, de manera involuntaria, manteniéndose en el tiempo.
Por ejemplo, escuchar cierta música puede provocar algún olor, leer ciertas palabras puede provocar algún sabor. Y así muchas maravillas más.
Es algo común en el lenguaje: «soledad sonora, amargo dolor, color fuerte…»


domingo, 27 de julio de 2025

No me gustan los mercadillos...

No me gustan los mercadillos, al menos en el sentido más popular y extendido en la actualidad.

Pues menudo comienzo has tenido. Intentemos arreglarlo.

De pequeño acompañé en numerosas ocasiones a mi madre al que todos los sábados —ubicación temporal que le daba nombre— se instalaba en la plaza de España de mi pueblo, bajo los soportales. El tiempo y el aumento de vendedores hizo que se trasladara a todo lo largo de la calle Ramón y Cajal, e incluso llegara hasta el Parque. Ahí lo dejé yo, que ya me ausenté y mis retornos fuero de tarde en tarde, o peor, de higos a brevas.

En una de aquellas venidas lo vi trasladado La Laguna y tiempo después, tanto había crecido, que lo empujaron más allá, cerca de las afueras del pueblo. Hoy lo instalan aún más lejos, en una zona de “reciente construcción”, verdaderamente a las afueras.

Actualmente ese mercadillo, como casi todos los que se levantan por los pueblos de esta tierra, no tienen nada que ver con aquel de mi infancia. Mientras en el de mi recuerdo infantil se mezclaban puestos con mercancías variadas, ropas, zapatos, cacharrería, alimentación y un no muy largo, pero sí diverso, catálogo de productos, en los actuales la oferta de género es muy limitada: ropa, ropa y ropa, incluidos zapatos; pero prácticamente todo para mujer, para nosotros muy poco, pero no me importa, hago poco gasto. También, algo de tejidos para el hogar, cortinas y cosas así, y puestos puntuales de otras cosillas. Bah, cosas sin interés que no aparecen en la lista de la compra de quien esto escribe.

A lo que iba al principio, repito, no me gustan los mercadillos. Pues a la monótona y escasa oferta de productos a la venta hay que añadir dos componentes más por los que siento un irrenunciable rechazo: hay muchísima gente, mucha, apenas se puede caminar, no es agradable el continuo roce, el choque involuntario, perdón señora, disculpe, una y otra vez. A lo que hay que añadir el calor, que, aunque se trate de fecha invernales siempre lo hará —en verano ni os cuento—; la proximidad de los cuerpos, el roce que decía antes, el ambiente opresivo, todo ello sumado hará que mi estancia allí me resulte agobiante. Un fastidio de situación.

Pero queda un último elemento que añadir al asunto, que tres son tres los motivos que suelo esgrimir para eludir las visitas a esos lugares, y es el ruido, mucho ruido, un murmullo constante, general, de decenas de decibelios, alterado a ratos por alguna voz estridente que a veces habla por teléfono —ni que me importara algo su conversación, pues hable bajo, criatura—. Y de vez en cuando, antes incluso, en el tránsito entre un puesto y otro, una voz destaca sobre todo el colectivo de visitantes, es la del vendedor o la vendedora, que ofrecen su mercancía a voz en grito, de manera repetida, estridente, a intervalos cortos de tiempo, molestísimamente.

Sin embargo, un martes de este mes, que es cuando se monta el mercadillo en el lugar donde temporalmente resido, y cuando todo transcurría con la incomodidad que esos lugares me producen, vi alterada la normalidad con la voz de un tendero que ofrecía exclusivamente vestidos de mujer, coloridos, frescos, amplios, aptos para el verano y el calor. El buen hombre voceaba a su público frases ocurrentes, originales, destinadas a todas sus potenciales clientas pero que a veces parecía dirigir a alguna señora en concreto al otro lado del tenderete. Capté dos que me gustaron, y mucho:

   ¡Venga, venga, que mis blusones os hacen guapas!

Y la mejor:

   Anda, pruébatelo, que a ti te resalta.

Pues nada, que el tipo me reconcilió con los mercadillos, pero sólo el rato que permanecí por allí, que ya fue bastante.

lunes, 21 de julio de 2025

CASQUIVANO, NA

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

CASQUIVANO, NA:

1. adj. coloq. Poco reflexivo, banal, voluble.
2. adj. coloq. Dicho de una persona: que suele coquetear o establecer relaciones amorosas ocasionales o pasajeras.
Sinónimos: irreflexivo, atolondrado, alocado, ligero,
coqueto, coquetón, casquilucio.
Antónimos: reflexivo, formal.

Esa persona que actúa con falta de sensatez, de formalidad, de manera atolondrada, sin pensar lo que hace; si es que se aplica a la primera acepción, que para la segunda viene a ser lo mismo, pero, con procederes frívolos, referido a sus relaciones sociales o amorosas.
Y ahora que lo pienso, me quedo con el último de sus sinónimo: casquilucio, que sí es, verdaderamente, palabra extraña y curiosa.


lunes, 14 de julio de 2025

LUSCOFUSCO

 

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

LUSCOFUSCO:

1. m. Momento del día, entre del día y la noche, en que la luz desaparece casi por completo y las cosas se perciben como sombras.
Sinónimos: anochecer, ocaso, crepúsculo.
2. m. Momento del día, entre la noche y el día, en que la primera claridad permite distinguir cosas como sombras.
Sinónimos: amanecer, alba, alborada.

Palabra de origen gallego que sirve para dos momentos del día: los que preceden a la oscuridad nocturna —el instante en que la luz del día se apaga y el cielo se tiñe de colores— y a la claridad diurna, justo antes de que el sol aparezca por el horizonte.


domingo, 13 de julio de 2025

Ese garbancito no se ha cocido en esta olla

Me ha traído mi hermano una frase de mi madre que un servidor tenía totalmente olvidada, no estaba en la lista de ellas que aún quedan por ser recogidas en este blog. La pronuncio ahora mentalmente, una vez y otra, sin conseguir ponerme en situación, no logro visualizar el instante en que ella la dijera, o los instantes, porque debieron ser más de uno. Y alguno, o algunos, hubieron de tener testigos, si no ¿a qué viene mi hermano recordándomela?, ¿o es que también a él se la dirigió?
Vayamos a la frase en cuestión. Que es más que una simple frase, es una perfecta metáfora. Y que en honor a la verdad casi le concedo la autoría a mi madre, porque la escribo en el buscador de la red de redes y no aparece nada que me lleve a ella, absolutamente nada. Aunque la debió escuchar, de alguien la aprendería, ¿de su madre?, ¿o fue de su propia cosecha?, a saber. Bueno, déjate de rodeos y vamos a ello.
Hago un esfuerzo, me pongo en situación: yo debía de ser pequeño, menos de diez años, carácter inquieto —ya presentaba maneras—, algo informal y protestón; a la vez que correcto en el trato para con los demás, sociable, graciosillo y ocurrente. Y hacia estas dos últimas virtudes de mi naturaleza se dirigía el dicho de hoy, que era:
«Ese garbancito no se ha cocido en esta olla»
Para que ella dijera eso, quien esto escribe debió, previamente, de dar una respuesta acertada a una pregunta, exponer un comentario razonado o hacer un chistecillo simpático; en definitiva, tener una idea aguda y oportuna a la situación de aquel instante, o a lo que en ese momento apareciera en la televisión, o a mi parte de la conversación que entre los dos tuviéramos. A mi madre, entonces, le parecerían atractivas mis palabras, sonreiría mostrando satisfacción por el ingenio de su hijo, a la vez que dudaría de que yo fuera el autor de las mismas.
A ver, aclaro este galimatías: la ocurrencia era el garbancito, y la olla mi cabeza. Al decir mi madre aquello, ponía en duda que tan acertadas palabras las pudiera haber fraguado yo. Eso me lo decía con una sonrisa mientras golpeaba levemente con su dedo índice en mi frente. Yo repetía mis palabras tratando de convencerla, y seguro que convencida se quedaba, si no lo estaba ya desde el principio, porque desde el principio sonreía como gesto de aceptación, confirmando mi autoría.

Pues sí, aquellos garbancitos se cocían en esta olla, aquellos y muchos más que se fueron cociendo a lo largo de los años. Pero como suelo decir a estas alturas del calendario: ¿tanto, para qué?