lunes, 28 de julio de 2025

SINESTESIA

 

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...




1. f. Biol. Sensación secundaria o asociada que se produce en una parte del cuerpo a consecuencia de un estímulo aplicado en otra parte de él.
2. f. Psicol. Imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente.
3. f. Ret. Unión de dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales, como en soledad sonora o en verde chillón.

Es decir, es un fenómeno neurológico y sensorial, o sea, una anormalidad, en la que la estimulación de un sentido provoca reacción en otro: dos sensaciones distintas se unen, de manera involuntaria, manteniéndose en el tiempo.
Por ejemplo, escuchar cierta música puede provocar algún olor, leer ciertas palabras puede provocar algún sabor. Y así muchas maravillas más.
Es algo común en el lenguaje: «soledad sonora, amargo dolor, color fuerte…»


domingo, 27 de julio de 2025

No me gustan los mercadillos...

No me gustan los mercadillos, al menos en el sentido más popular y extendido en la actualidad.

Pues menudo comienzo has tenido. Intentemos arreglarlo.

De pequeño acompañé en numerosas ocasiones a mi madre al que todos los sábados —ubicación temporal que le daba nombre— se instalaba en la plaza de España de mi pueblo, bajo los soportales. El tiempo y el aumento de vendedores hizo que se trasladara a todo lo largo de la calle Ramón y Cajal, e incluso llegara hasta el Parque. Ahí lo dejé yo, que ya me ausenté y mis retornos fuero de tarde en tarde, o peor, de higos a brevas.

En una de aquellas venidas lo vi trasladado La Laguna y tiempo después, tanto había crecido, que lo empujaron más allá, cerca de las afueras del pueblo. Hoy lo instalan aún más lejos, en una zona de “reciente construcción”, verdaderamente a las afueras.

Actualmente ese mercadillo, como casi todos los que se levantan por los pueblos de esta tierra, no tienen nada que ver con aquel de mi infancia. Mientras en el de mi recuerdo infantil se mezclaban puestos con mercancías variadas, ropas, zapatos, cacharrería, alimentación y un no muy largo, pero sí diverso, catálogo de productos, en los actuales la oferta de género es muy limitada: ropa, ropa y ropa, incluidos zapatos; pero prácticamente todo para mujer, para nosotros muy poco, pero no me importa, hago poco gasto. También, algo de tejidos para el hogar, cortinas y cosas así, y puestos puntuales de otras cosillas. Bah, cosas sin interés que no aparecen en la lista de la compra de quien esto escribe.

A lo que iba al principio, repito, no me gustan los mercadillos. Pues a la monótona y escasa oferta de productos a la venta hay que añadir dos componentes más por los que siento un irrenunciable rechazo: hay muchísima gente, mucha, apenas se puede caminar, no es agradable el continuo roce, el choque involuntario, perdón señora, disculpe, una y otra vez. A lo que hay que añadir el calor, que, aunque se trate de fecha invernales siempre lo hará —en verano ni os cuento—; la proximidad de los cuerpos, el roce que decía antes, el ambiente opresivo, todo ello sumado hará que mi estancia allí me resulte agobiante. Un fastidio de situación.

Pero queda un último elemento que añadir al asunto, que tres son tres los motivos que suelo esgrimir para eludir las visitas a esos lugares, y es el ruido, mucho ruido, un murmullo constante, general, de decenas de decibelios, alterado a ratos por alguna voz estridente que a veces habla por teléfono —ni que me importara algo su conversación, pues hable bajo, criatura—. Y de vez en cuando, antes incluso, en el tránsito entre un puesto y otro, una voz destaca sobre todo el colectivo de visitantes, es la del vendedor o la vendedora, que ofrecen su mercancía a voz en grito, de manera repetida, estridente, a intervalos cortos de tiempo, molestísimamente.

Sin embargo, un martes de este mes, que es cuando se monta el mercadillo en el lugar donde temporalmente resido, y cuando todo transcurría con la incomodidad que esos lugares me producen, vi alterada la normalidad con la voz de un tendero que ofrecía exclusivamente vestidos de mujer, coloridos, frescos, amplios, aptos para el verano y el calor. El buen hombre voceaba a su público frases ocurrentes, originales, destinadas a todas sus potenciales clientas pero que a veces parecía dirigir a alguna señora en concreto al otro lado del tenderete. Capté dos que me gustaron, y mucho:

   ¡Venga, venga, que mis blusones os hacen guapas!

Y la mejor:

   Anda, pruébatelo, que a ti te resalta.

Pues nada, que el tipo me reconcilió con los mercadillos, pero sólo el rato que permanecí por allí, que ya fue bastante.

lunes, 21 de julio de 2025

CASQUIVANO, NA

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

CASQUIVANO, NA:

1. adj. coloq. Poco reflexivo, banal, voluble.
2. adj. coloq. Dicho de una persona: que suele coquetear o establecer relaciones amorosas ocasionales o pasajeras.
Sinónimos: irreflexivo, atolondrado, alocado, ligero,
coqueto, coquetón, casquilucio.
Antónimos: reflexivo, formal.

Esa persona que actúa con falta de sensatez, de formalidad, de manera atolondrada, sin pensar lo que hace; si es que se aplica a la primera acepción, que para la segunda viene a ser lo mismo, pero, con procederes frívolos, referido a sus relaciones sociales o amorosas.
Y ahora que lo pienso, me quedo con el último de sus sinónimo: casquilucio, que sí es, verdaderamente, palabra extraña y curiosa.


lunes, 14 de julio de 2025

LUSCOFUSCO

 

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

LUSCOFUSCO:

1. m. Momento del día, entre del día y la noche, en que la luz desaparece casi por completo y las cosas se perciben como sombras.
Sinónimos: anochecer, ocaso, crepúsculo.
2. m. Momento del día, entre la noche y el día, en que la primera claridad permite distinguir cosas como sombras.
Sinónimos: amanecer, alba, alborada.

Palabra de origen gallego que sirve para dos momentos del día: los que preceden a la oscuridad nocturna —el instante en que la luz del día se apaga y el cielo se tiñe de colores— y a la claridad diurna, justo antes de que el sol aparezca por el horizonte.


domingo, 13 de julio de 2025

Ese garbancito no se ha cocido en esta olla

Me ha traído mi hermano una frase de mi madre que un servidor tenía totalmente olvidada, no estaba en la lista de ellas que aún quedan por ser recogidas en este blog. La pronuncio ahora mentalmente, una vez y otra, sin conseguir ponerme en situación, no logro visualizar el instante en que ella la dijera, o los instantes, porque debieron ser más de uno. Y alguno, o algunos, hubieron de tener testigos, si no ¿a qué viene mi hermano recordándomela?, ¿o es que también a él se la dirigió?
Vayamos a la frase en cuestión. Que es más que una simple frase, es una perfecta metáfora. Y que en honor a la verdad casi le concedo la autoría a mi madre, porque la escribo en el buscador de la red de redes y no aparece nada que me lleve a ella, absolutamente nada. Aunque la debió escuchar, de alguien la aprendería, ¿de su madre?, ¿o fue de su propia cosecha?, a saber. Bueno, déjate de rodeos y vamos a ello.
Hago un esfuerzo, me pongo en situación: yo debía de ser pequeño, menos de diez años, carácter inquieto —ya presentaba maneras—, algo informal y protestón; a la vez que correcto en el trato para con los demás, sociable, graciosillo y ocurrente. Y hacia estas dos últimas virtudes de mi naturaleza se dirigía el dicho de hoy, que era:
«Ese garbancito no se ha cocido en esta olla»
Para que ella dijera eso, quien esto escribe debió, previamente, de dar una respuesta acertada a una pregunta, exponer un comentario razonado o hacer un chistecillo simpático; en definitiva, tener una idea aguda y oportuna a la situación de aquel instante, o a lo que en ese momento apareciera en la televisión, o a mi parte de la conversación que entre los dos tuviéramos. A mi madre, entonces, le parecerían atractivas mis palabras, sonreiría mostrando satisfacción por el ingenio de su hijo, a la vez que dudaría de que yo fuera el autor de las mismas.
A ver, aclaro este galimatías: la ocurrencia era el garbancito, y la olla mi cabeza. Al decir mi madre aquello, ponía en duda que tan acertadas palabras las pudiera haber fraguado yo. Eso me lo decía con una sonrisa mientras golpeaba levemente con su dedo índice en mi frente. Yo repetía mis palabras tratando de convencerla, y seguro que convencida se quedaba, si no lo estaba ya desde el principio, porque desde el principio sonreía como gesto de aceptación, confirmando mi autoría.

Pues sí, aquellos garbancitos se cocían en esta olla, aquellos y muchos más que se fueron cociendo a lo largo de los años. Pero como suelo decir a estas alturas del calendario: ¿tanto, para qué?


lunes, 7 de julio de 2025

DESIDERÁTUM

                                                                                    Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

DESIDERÁTUM:

1. m. Aspiración, deseo que aún no se ha cumplido.
2. m. El no va más.
Sinónimo: desiderata.

Es la suma de nuestras carencias aspiradas, deseos que aún no se han cumplido.
Sin embargo, su sinónimo desiderata, que no es tan sinónimo, apunta más a lo material, a las cosas que se extrañan y se desean, objetos que se echan en falta y que nos sería bueno conseguir.
Casi la misma palabra, pero con significados distintos.
Curiosidad: existe una especie de planta, originaria del Cono Sur de América, llamada Anarthrophyllum desiderátum.