Va el presente Decía mi madre sobre una conocidísima frase, de uso muy coloquial, referida a dar a entender que alguien no hace caso de lo que le dicen, ordenan o aconsejan; lo cual podría llevar a equívocos tratándose de mí, porque de mí va estos escritos, haciendo pensar al lector —ojalá los hubiera— que un servidor fue un rebelde que ignoraba desafiadamente las órdenes recibidas, un desobediente que no seguía instrucciones, un terco que se encerraba en sus propias ideas haciendo caso omiso a otras razones o, lo que es peor, un arrogante que menospreciaba consejos provenientes, y en todos los casos anteriores, de mi madre. Que también de ella estamos hablando, porque de su boca, en muchas ocasiones, salía la frasecita:
«Por un oído te entra y por el otro te sale»
Sin embargo, no considero que mi madre me la dijera porque yo encajara en alguna de las descripciones anteriores. Si así fuera, el recuerdo no me llegaría, como efectivamente me llega, como el reflejo de la frustración que seguramente le producía mi falta de interés, la ligera negligencia por mi parte a prestar atención a una advertencia, un consejo o un relato. Si no hubiera sido así, el recuerdo sería brusco, más tenso, a pesar del fracaso que ella sintiera.
En definitiva, que lo mío era un acto inconsciente, pura y simple distracción, una falta de concentración, el más evidente desinterés, la desconexión mental y momentánea, la selección auditiva —aunque sin taparse los oídos— cuando el cerebro consideraba poco relevante lo que se me decía.
Concluyo: La frase no me trae a la memoria momentos negativos ni tensos, o sea, que nunca llegó la sangre al río ni antes ni después de ser pronunciada.