lunes, 28 de abril de 2025

DESARRAIGO.

 Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

DESARRAIGO:

1. m. Acción y efecto de desarraigar.
Sinónimos: desarraigamiento, desplantación.
Antónimos: arraigo.

La pérdida o separación del vínculo afectivo con el lugar, la cultura o el entorno al que se pertenecía.
A punto estuviste, o tal vez lo estuviste del todo, Pero aún hay tiempo de enmendarse.



domingo, 27 de abril de 2025

Estar al cabo de la calle

Lo más acertado sería no incluir esta frase en mi blog como si fuera un decía mi madre más. Desde siempre sé que no es de las que, aunque escuchadas desde mi más tierna infancia, pueda ser atribuible a ella. Se la oía también a otros, y fui consciente que formaba parte de la cotidianidad, del diario devenir de la gente. Pero no me resigno a omitirla, que cuando la oigo —porque aún hay personas que encuentran contexto para decirla—, es como si retrocediera cuatro quintos de mi vida, y la oyera durante una conversación de ella con algún vecino o un familiar, asintiendo ante la información que la estaban dando con un:
«Estar al cabo de la calle»
Pero de manera personalizada, o sea, algo así como «sí sí, estoy al cabo de la calle». Que no es otra cosa que decirle al interlocutor que uno también conoce todos, o casi todos, los detalles del asunto en cuestión. Un asunto que casi siempre debía de ser poco conocido y que, aunque se estuviera contando, tendría que seguir teniendo un carácter secreto, o al menos levemente, llevando implícita la petición de mantener la confidencia, pues se suponía que la cuestión era conocida por pocos, y así debía de seguir siendo: el secreto se mantendría.
Sin embargo, no siempre debe de ser así. También es posible que se desconozcan los pormenores de una noticia por haber estado ausente del lugar, por ejemplo, y es ahora tu interlocutor quien te pone al día, un tema ordinario, sin gran transcendencia, conocido por muchos menos por ti que acabas de regresar. Entonces, una vez informado, se contestará «pues es que como acabo de llegar de vacaciones, no estaba al cabo de la calle».
La RAE nos dice que una de las acepciones de la palabra cabo, concretamente la número 20, es «Diversos temas que se han tocado en algún asunto o discurso». Y me da la sensación que el lugar que ocupa es por su poco uso, que por cabo entendemos otros significados. Y es que hace tiempo, allá durante el Siglo de Oro, cuando se usaba esa palabra era para referirse precisamente a aquello, a un asunto y sus pormenores.
Y más abajo, seguimos en el diccionario de la RAE, encontramos dos locuciones verbales: estar al cabo de algo y estar al cabo de la calle. Dos formas coloquiales para decir «haberlo entendido bien y comprendido todas sus circunstancias». Una manera muy eufemística de manifestar que se está enterado de todos los detalles de la noticia, aunque ésta sea un vulgar chismorreo y el informante e informado sean unos cotillas.
En definitiva, que la frase de hoy nunca se la asigné a mi madre, ni siquiera lo hice por error o ignorancia, como sí ocurrió con muchas otras. Está aquí porque era un dicho más entre tantas expresiones que de ella recuerdo, porque formaba parte de su fraseología, del capítulo de una de las asignaturas que mejor aprendí y que todavía procuro seguir estudiando: Acervo léxico-popular de mi entorno más cercano.

Nota: como no encuentro nada que, acorde con el tema, pueda ilustrar esta entrada, dejo una fotografía de una calle de mi pueblo, algo antigua. Tanto lo es, que yo aún no andaba por allí. 

No ha sido un déjà vu

Viajaba hace unos días —y uso el verbo viajar dado el tiempo que ese trayecto me lleva— desde mi barrio al centro de la ciudad, cuando, al llegar a la última parada, en la que iba a apearme, rememoré, como si de un déjà vu se tratara, la que tal vez fuera la primera vez que me subí a un autobús urbano en la que hoy es mi ciudad. Ocurrió allá por…, hace ahora cincuenta años, y recuerdo que la situación me abrumó, aquella primera y también las siguientes. Poco a poco fui acostumbrándome, pero reconozco que me costó, aunque siempre aparenté, ante propios y extraños, un estado de normalidad.
Pues llegaba a la parada final de mi viaje, en una avenida en la que confluyen varias líneas, unas de paso y otras que igualmente finalizan su recorrido, cuando me pareció recibir un golpe en la cabeza que llevaba apoyada sobre el cristal de una ventana del vehículo, y desperté de la modorra a la que me había abandonado durante el viaje. Vi entonces otras caras de viajeros en otro autobús cercano, pegado al mío, muy cerca, a escasa distancia, tan poca que temí chocar; el pasajero del asiento junto a mí me presionaba con el volumen de su cuerpo; ya parado el vehículo, éste tardaba en vaciarse dada la cantidad de gente que se movía lentamente; yo, igualmente, andaba despacio, pegado a todos, y ya en la calle seguí hasta un paso de peatones donde hube de detenerme, el muñequito estaba en rojo, y al ponerse verde, todos los que esperábamos cruzamos a la vez la calle, al unísono, casi en formación; el doble runrún, ruido de coches, murmullo de voces; miraba los edificios y tuve que levantar la cabeza para abarcar toda su altura, de tan grandes que me parecían y tan desproporcionados en calles tan estrechas. Minutos después me dije en voz alta que aquello ya había sido, de la misma manera, con idéntica opresión. Y entonces desapareció el efecto.
Seguí andando y hasta que llegué a mi destino no pude dejar de pensar que todo lo sentido, o mejor, que todo lo vivido había sucedido por segunda vez, pero con medio siglo de diferencia en el tiempo. Porque muy parecidos fueron aquellos primeros días de octubre del 75, recién llegado a esta ciudad que, mis sentidos de muchachito rural, no controlaban: si en el pueblo cualquier desplazamiento era poco menos que un paseo, aquí se convertía en un corto viaje; si allí salías a la calle con las manos en los bolsillos, aquí no debías olvidar las llaves de una vivienda que no era la tuya, poner algo de dinero en una cartera que jamás había portado y lo más importante, el carnet de identidad, que te habían dicho que eso nunca se debía dejar en casa.
Sentado ahora, tranquilamente ante el teclado y la pantalla, me pregunto qué me pudo suceder aquella mañana, cuál ha sido el cable que se me ha cruzado, para evocar sin razón alguna una realidad perdida en mi memoria, una circunstancia ya olvidada y que, por supuesto, superé. Lo que no quita que me preocupe y me lleve a reflexionar sobre ello, y concluir que, tal vez, se esté cerrando el círculo, que esta prolongadísima etapa de mi vida esté llegando a su fin y que la siguiente debe ser otra, a lo peor también entre suidos y autobuses urbanos, pero con otras señales, otras luces, otros horarios. Eso, horarios con minutos del tamaño de horas, en los que el tiempo no pese ni de órdenes.
Quinientas noventa palabras llevo escritas, según me chivatea la esquina izquierda de la pantalla. Aquí lo dejo.

lunes, 21 de abril de 2025

TACITURNO.

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...


TACITURNO, NA:

1. adj. Callado, silencioso, que le molesta hablar.
2. adj. Triste, melancólico o apesadumbrado.
Sinónimos: reservado, retraído, lúgubre.
Antónimos: comunicativo, locuaz, alegre.

Gente de carácter reservado, personas introvertidas, semblantes sombríos. 
Lo que yo no vengo siendo.


lunes, 14 de abril de 2025

CLINOMANÍA

  Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

CLINOMANÍA:

F. Deseo incontrolable, obsesivo y exagerado de quedarse acostado en la cama durante todo el día, sin importar las responsabilidades.
Sinónimos: clinofilia, dysania.


Para que ese síndrome, tendencia o necesidad aparezca, no es necesaria la existencia de una enfermedad física u orgánica que lo justifique. La persona sabe que tiene que levantarse, es consciente de que el despertador ha sonado, pero se siente incapaz de incorporarse, porque el cuerpo y la mente incitan a seguir durmiendo.
Tal vez pueda deberse a un malestar emocional o a un trastorno de ansiedad. O a que, simplemente se es muy vago.



domingo, 13 de abril de 2025

Ciegos y sordos por voluntad propia

Leído por ahí:
Encontrado en una "red social" y atribuido a un tal Juan Manuel Jiménez Muñoz, del que desconozco todo, incluso si este texto es suyo.
He de decir que comparto lo que dice y que, por lo tanto, bien me hubiera gustado haberlo escrito yo.


CIEGOS Y SORDOS POR VOLUNTAD PROPIA.
Las cosas no son casi nunca absolutamente negras o absolutamente blancas: suele predominar la escala de grises. Eso ocurre en nuestro entorno personal, familiar, laboral, escolar, lúdico o religioso, y no digamos en el ámbito político, donde los representantes electos mienten más que hablan y donde ningún partido o sindicato está libre de culpa. Absolutamente ninguno.
Podría desarrollar, aquí y ahora, una larga lista de barbaridades perpetradas por los “hunos” y por los “hotros” desde que comenzó la democracia en España, pero estoy seguro de que dicha lista le parecería excesiva al aludido y menguada al oponente. Lo veo venir en los comentarios: “fascista de mierda, se te ha olvidado que Aznar nos metió en una guerra”, “rojillo de mierda, se te ha olvidado contar que Zapatero está a sueldo de Maduro”. Por eso es tan difícil encuadrarse decididamente en una sola opción política sin que caigan sobre ti no sólo los aciertos, sino sobre todo los errores de aquellos con quienes te has alineado a perpetuidad.
Yo, ciñéndome siempre a lo actual, he mudado varias veces de opinión en algunos temas políticos, lo cual es un signo de inteligencia siempre y cuando dichos cambios no ocurran cada medio minuto por intereses espurios. Lo dijo un filósofo cuyo no nombre no recuerdo: “rectificar es de sabios, y de necios hacerlo a diario”. 
Como mis lectores conocen, el voto no se da: se presta, y nadie nace con un sello en la frente que le obligue a comulgar con ruedas de molino durante toda la vida si “los tuyos” salen rana o si convierten el que ha sido tu partido en un estercolero o en una secta. Es más: lo que un día es aceptable, al año siguiente puede ser insoportable, y al siguiente del siguiente volver a ser aceptable. Y los seres humanos, que no somos robots ni marionetas, y que al parecer tenemos libre albedrio, podemos y debemos reaccionar a cada mudanza de acuerdo a la realidad del hoy, no a la vetusta del ayer ni a la ignota del mañana.
En mi perpetua escala de grises, he aprendido que existen dos preguntas cuyas respuestas pueden guiarme para elegir en cada momento aquello que parece éticamente mejor o mínimamente aceptable. Dichas preguntas son:

1– “¿Qué trayectoria personal han tenido quienes defienden la postura X?”

2–“¿La postura X genera consenso o división?

Creo, con toda humildad, que hacerse dichas preguntas concretas es mentalmente más sano y éticamente más robusto que actuar como un forofo futbolero del “viva el Betis manque pierda”, o como un teórico de la filosofía política que, falto de ideas y sobrado de ideología, no aterriza en el detalle. Porque un detalle no menor es, por ejemplo, que en su discurso de investidura Pedro Sánchez expresara su voluntad de “construir un muro” entre españoles y, para mayor burla de los ciudadanos, que el encargado de defender la moción de censura del Partido Socialista y de explicar desde la tribuna del Congreso la falta que nos hacía una nueva etapa de regeneración moral fuese el reconocido putero José Luis Ábalos, ya entonces voraz consumidor de chistorras, lechugas y catálogos VIP de señoritas en pelota. Sólo por eso, en mi opinión, ya estaría inhabilitado este Gobierno desde el punto de vista ético y estético, pues las dos preguntas anteriores, las que me sirven de guía, se contestan negativamente. Y esto debería ser así para el mundo mundial, salvo para quienes sean ciegos y sordos voluntariamente.
¿Y qué se puede decir de los dos hechos terribles sucedidos este fin de semana? Yo los he pasado por el filtro de mis dos preguntas y me sale que, en este momento concreto, me encuentro en el lado correcto de la Historia.
No sé si el lector conoce que, de muerte natural, un hijo de Satanás acaba de abandonar el mundo. Se trata de Jakes Esnal, uno de los tres etarras que, ya en plena democracia, voló la casa-cuartel de Zaragoza asesinando a tres guardias civiles y a ocho familiares directos, entre ellos a cinco niñas de corta edad cuyos pequeños ataúdes blancos todavía contemplo en mis peores pesadillas. Pues bien: a este hijo de la Gran Bretaña otros hijos de la Gran Bretaña le han despedido en su pueblo con un homenaje de órdago que incluía pancartas y gritos de viva ETA. ¿Quiénes? Muy sencillo: Bildu, el mismo partido político que, en el Congreso de los Diputados, sostiene hoy con seis votos al Gobierno de Pedro Sánchez. Insisto: sólo por eso, en mi opinión, ya estaría inhabilitado este Gobierno desde el punto de vista ético y estético, pues nadie debería viajar en el mismo barco que unos asesinos recalcitrantes. ¿Se podría creer a Bildu cuando dice que lamenta el genocidio de Gaza, cuando corta carreteras y boicotea la Vuelta Ciclista con el beneplácito de Sánchez? ¿Se podría creer cualquier cosa “progresista” que alumbren sus cabezas de chorlito? Por supuesto que no. Con esta mala gente, ni a cobrar una herencia. Y eso debería ser así para el mundo mundial, salvo para quienes sean ciegos y sordos voluntariamente.
El segundo suceso relevante al que me he referido más arriba es el discurso guerracivilista perpetrado este fin de semana por el tabernero-jefe de Podemos, cuyas cuatro diputadas (no lo olvidemos) sostienen también a Sánchez. Con un llamamiento explícito al Partido Socialista, el recaudador y líder de la secta de Galapagar ha dicho lo siguiente: “para reventar a la derecha española y a todos sus activos políticos aquí nos tenéis para llegar a donde sea necesario; pero para eso hay que tener agallas; vamos a por ellos de verdad”. Insisto: sólo por eso, en mi opinión, ya estaría inhabilitado este Gobierno desde el punto de vista ético y estético, pues con semejantes compañeros de andadura no se puede caminar. Y eso debería ser así para el mundo mundial, salvo para quienes sean ciegos y sordos voluntariamente.
Y, para terminar, me dirijo al tabernero-jefe de Podemos con las palabras pronunciadas en 1935 por el bueno de Julián Besteiro en un Comité Federal del Partido Socialista. Dirigiéndose a Largo Caballero, que desde 1933 llevaba predicando en público la conveniencia de una guerra civil para alcanzar la revolución marxista, le espetó lo siguiente: 

“Dices que una guerra civil es inevitable, e incluso necesaria. Pero a ver, compañero. ¿Qué garantía tienes de ganarla?”


lunes, 7 de abril de 2025

ERGOFOBIA

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

ERGOFOBIA:

f.Psiquiatr. Miedo irracional, rechazo o aversión profunda y persistente al trabajo o a la idea de tener que ir a trabajar.

Lo que viene a ser un trastorno de ansiedad derivado de alguna mala experiencia previa, bien relacionada con antiguos compañeros o superiores o simplemente por miedo a la incompetencia.