lunes, 27 de octubre de 2025
PERIGALLO
domingo, 26 de octubre de 2025
Decepción
Forcé un silencio que duró más de lo que mi amigo esperaba mientras concluía mi café. Así que volvió a formularme la pregunta, pero ahora con un tono acuciante; aunque sin alzar la voz se notaba que me exigía una respuesta y en cualquier caso con urgencia. Sin tener preparada mi contestación no me quedó otro remedio que responderle con otras preguntas.
— ¿Qué ha pasado?, ¿qué sucede para que me hagas una pregunta así?
Durante breves segundos pensé que para que alguien se planteara una pregunta como la que acababa de hacerme debería de haber ocurrido alguna situación sorpresiva, como el descubrimiento de un documento del pasado cuyo contenido, a saber qué, hubiera llevado a mi amigo a considerarlo la causa de la decepción; o la revelación por parte de un tercero de algún hecho, hasta ahora oculto, en el que la madre de mi amigo hubiera sido parte, y cuya actuación no hubiera sido legal o ni siquiera honesta.
Sin respuesta a mis preguntas le hago saber mi doble argumentación a fin de que me indique dónde está el origen del desencanto. Nuevo silencio, la conversación no avanza, mejor pido otro café, mi amigo un vaso de agua. El camarero nos trae lo pedido y al marcharse, mi amigo se arranca, por fin:
Siguió su monólogo en el que incluyó alguna anécdota vivida con ella y recordó retazos de cierta conversación. Pues resulta que, en esa conversación, de la que fui yo el tema central, mi madre le habló de mis virtudes y valías, lo cual no está mal hacerlo cuando de un hijo se trata. Pero también habló de lo contrario, de los defectos que me han acompañado en mi vida desde el principio de mis tiempos, faltas e incapacidades de las que siempre he sido consciente, y que ella me hacía saber y, con toda seguridad, intentó corregir.
No me molestó que dijera todo aquello de mí, no me molestó que lo supiera, ni siquiera que lo estuviera exponiendo ante otros, no, no me molestó. Me enfadó que lo hubiera sabido porque mi madre se lo había dicho. Mi madre no tenia derecho a compartir con nadie las opiniones negativas que tuviera de mí, mi madre no tenía que hablar mal de mí con nadie, mi madre debió de darse cuenta que comunicando a otro sus juicios sobre mí, podría perjudicarme.
Me sentí avergonzado escuchando lo que aquella persona estuvo contando. Menos mal que en el local había poca luz y nadie notó mi sonrojo. Apenas comenté aquello, sólo un «no sé, no creo que mi madre dijera eso de mí», pero lo hice con tan poco volumen que nadie debió de enterarse.
Poco o nada pude contestar a su relato,
le hice saber cuánto lo lamentaba y afeé la conducta de la persona que le hizo
la revelación. Por cierto, la conozco y estoy seguro que su pretensión al confesar
aquella conversación estaba exenta de maldad. Mi amigo, ya con algo de desahogo
en el cuerpo y en agradecimiento al tiempo que dediqué en escucharlo, quiso
pagar los cafés. Me negué, por supuesto —«no hombre, pago yo, que he tomado
dos»—.
lunes, 20 de octubre de 2025
RUBICÓN
Palabras hermosas, extrañas, curiosas...
RUBICÓN:
1. loc.verb. Dar un paso decisivo arrostrando un riesgo.
Dice también la RAE: «Por alusión al momento en que Julio César, sin
autorización del Senado, cruza con sus legiones el río Rubicón, que marcaba la
frontera entre Italia y la Galia Cisalpina», dando comienzo a la segunda
guerra civil de la República de Roma, que tuvo como consecuencia la creación
del Imperio. De aquel momento queda la frase inmortal de Julio César: «Alea
iacta est», la suerte está echada.
Es decir, es un punto de no retorno, donde
se toma una decisión irreversible que tendrá consecuencias significativas.
Cuando ya no hay vuelta atrás, el único camino es seguir hacia delante.
Recuerda también a la quema de las naves,
o el hundimiento, por parte de Hernán Cortés al llegar al continente americano.
domingo, 12 de octubre de 2025
AMBAGES
lunes, 6 de octubre de 2025
INEXORABLE
domingo, 5 de octubre de 2025
Salirse del camino
Entre geométricos cultivos a punto de ser cubiertos por bóvedas de plástico, se levantaban enormes muros de cañas invasoras, sobre las que no concibo el actual respeto legal; dos gatos cruzaron el camino delante de mí y desaparecieron entre la maleza —me pregunto qué hacían esos animales en medio del campo y la respuesta es obvia: los gatos conviven con los humanos y en el entorno hay pequeñas cortijadas, edificaciones agrícolas, y ellos andan por aquí porque también debe haber roedores, y la presa llama al depredador—; una ruidosa y veloz furgoneta, ajena a mi presencia y al mal estado del sendero, me adelantó obligándome a orillarme; dos descuidadas palmeras flanqueaban la entrada a una propiedad; adelanté a una señora que caminaba bajo un paraguas, buenos días, pero no me contestó porque unos auriculares le impedían escucharme.
Llego al final del camino y retorno a mi pensamiento inicial, que durante un buen rato había olvidado por completo. Recapitulo y considero, porque tengo recuerdos —unos vagos y otros concretos—, que sí, que hubo caminos que abandoné por buscar otros destinos, que en otras ocasiones me vi obligado a ello, o me empujaron, o fue el azar, o Dios sabrá. Pero creo que no tuve miedo cuando me adentraba en una dirección nueva, siempre pensé que lo que me esperaba iba a ser mejor, aunque no siempre fue así, mas no por ello renuncié a sueños y prioridades, a pesar de las necesidades y peajes que ello me ha conllevado. Ni tampoco me refugié en el arrepentimiento, ¿de qué me habría servido?
Al final concluí que sí, que merece la pena salirse del camino establecido, que es beneficioso para el cuerpo, para los sentidos, para la mente y el corazón. A pesar de que, como en aquel paseo matinal mío, me viera obligado a dar un largo rodeo para reencontrarme con mi camino primitivo.






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