lunes, 27 de octubre de 2025

PERIGALLO

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

PERIGALLO:

1. m. Pellejo que pende con exceso de la barba o de la garganta y que suele proceder de la mucha vejez o suma flacura.
2. m. Especie de honda hecha de un simple bramante.
3. m. Cinta de color llamativo, que llevaban las mujeres en la parte superior de la cabeza.
4. m. coloq. Persona alta y delgada.
5. m. Mar. Aparejo que sirve para mantener suspendido algo.

No es precisamente una palabra extraña, pero sí curiosa, y para mí hermosa y sobre todo evocadora.
La traigo aquí porque merece ser la sexta acepción que el DRAE no recoge y debería definirla como «instrumento hecho con la juncia de río a modo de bastón unos, y de látigo otros, que los padres hacían a sus chiquillos en mi pueblo el día del Corpus».
Hoy en día, la juncia está super protegida y ya no se alfombran con ella las calles ese día. Así y todo, algún nostálgico sigue haciéndolos.



domingo, 26 de octubre de 2025

Decepción

Tomábamos, un amigo y yo, café en una terraza a mitad de una de esas mañanas cálidas y luminosas que la primavera regala a esta ciudad, en un silencio sólo roto por el rumor de conversaciones vecinas. Apenas apurada su taza, que mi amigo acariciaba con indisimulado nerviosismo, me espetó sin preámbulos la pregunta:
 — ¿Tú crees que una madre puede decepcionarte diez años después de su muerte?
Forcé un silencio que duró más de lo que mi amigo esperaba mientras concluía mi café. Así que volvió a formularme la pregunta, pero ahora con un tono acuciante; aunque sin alzar la voz se notaba que me exigía una respuesta y en cualquier caso con urgencia. Sin tener preparada mi contestación no me quedó otro remedio que responderle con otras preguntas.
— ¿Qué ha pasado?, ¿qué sucede para que me hagas una pregunta así?
Durante breves segundos pensé que para que alguien se planteara una pregunta como la que acababa de hacerme debería de haber ocurrido alguna situación sorpresiva, como el descubrimiento de un documento del pasado cuyo contenido, a saber qué, hubiera llevado a mi amigo a considerarlo la causa de la decepción; o la revelación por parte de un tercero de algún hecho, hasta ahora oculto, en el que la madre de mi amigo hubiera sido parte, y cuya actuación no hubiera sido legal o ni siquiera honesta.
Sin respuesta a mis preguntas le hago saber mi doble argumentación a fin de que me indique dónde está el origen del desencanto. Nuevo silencio, la conversación no avanza, mejor pido otro café, mi amigo un vaso de agua. El camarero nos trae lo pedido y al marcharse, mi amigo se arranca, por fin:
— Verás, hace unos días nos reunimos unos familiares y algunos más que sin serlo sí he de decir que me son cercanos, aunque mi relación con ellos sea poco o nada intensa. Se trataba de una comida. Después unas copas y la conversación que iba de un tema a otro, casi todo intranscendente. Luego un giro más a lo personal y alguien que trae a colación el buen recuerdo que tiene de mi madre. Hasta ahí todo bien, había cariño y afectividad en sus palabras. Por un momento incluso me emocioné.
Siguió su monólogo en el que incluyó alguna anécdota vivida con ella y recordó retazos de cierta conversación. Pues resulta que, en esa conversación, de la que fui yo el tema central, mi madre le habló de mis virtudes y valías, lo cual no está mal hacerlo cuando de un hijo se trata. Pero también habló de lo contrario, de los defectos que me han acompañado en mi vida desde el principio de mis tiempos, faltas e incapacidades de las que siempre he sido consciente, y que ella me hacía saber y, con toda seguridad, intentó corregir.
No me molestó que dijera todo aquello de mí, no me molestó que lo supiera, ni siquiera que lo estuviera exponiendo ante otros, no, no me molestó. Me enfadó que lo hubiera sabido porque mi madre se lo había dicho. Mi madre no tenia derecho a compartir con nadie las opiniones negativas que tuviera de mí, mi madre no tenía que hablar mal de mí con nadie, mi madre debió de darse cuenta que comunicando a otro sus juicios sobre mí, podría perjudicarme.
Me sentí avergonzado escuchando lo que aquella persona estuvo contando. Menos mal que en el local había poca luz y nadie notó mi sonrojo. Apenas comenté aquello, sólo un «no sé, no creo que mi madre dijera eso de mí», pero lo hice con tan poco volumen que nadie debió de enterarse.

Poco o nada pude contestar a su relato, le hice saber cuánto lo lamentaba y afeé la conducta de la persona que le hizo la revelación. Por cierto, la conozco y estoy seguro que su pretensión al confesar aquella conversación estaba exenta de maldad. Mi amigo, ya con algo de desahogo en el cuerpo y en agradecimiento al tiempo que dediqué en escucharlo, quiso pagar los cafés. Me negué, por supuesto —«no hombre, pago yo, que he tomado dos»—.



lunes, 20 de octubre de 2025

RUBICÓN

 Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

RUBICÓN:

1.    loc. verb. Dar un paso decisivo arrostrando un riesgo.

Dice también la RAE: «Por alusión al momento en que Julio César, sin autorización del Senado, cruza con sus legiones el río Rubicón, que marcaba la frontera entre Italia y la Galia Cisalpina», dando comienzo a la segunda guerra civil de la República de Roma, que tuvo como consecuencia la creación del Imperio. De aquel momento queda la frase inmortal de Julio César: «Alea iacta est», la suerte está echada.

Es decir, es un punto de no retorno, donde se toma una decisión irreversible que tendrá consecuencias significativas. Cuando ya no hay vuelta atrás, el único camino es seguir hacia delante.

Recuerda también a la quema de las naves, o el hundimiento, por parte de Hernán Cortés al llegar al continente americano.



 


domingo, 12 de octubre de 2025

AMBAGES

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

AMBAGES:

1. m. pl. Rodeos de palabas o circunloquios.
2. M. pl. Rodeos o caminos intrincados, como los de un laberinto.
Sinónimos: rodeos, circunloquios, sutilezas.
Etimología: del latín «ambages», rodeos, laberintos.

Los rodeos que se dan al expresarse y que denotan la ausencia de claridad.
No confundir con la perífrasis, aunque son términos muy parecidos, pues en esta última la intención está en utilizar más palabras de las necesarias para expresar una idea o concepto evitando expresiones comunes; mientras que el término ambages pudiera contener cierto interés en confundir e incluso ocultar la realidad de lo que se comunica.
Como curiosidad, la palabra ambages no tiene singular.


lunes, 6 de octubre de 2025

INEXORABLE

Palabras hermosas, extrañas, curiosas...

INEXORABLE:

1. adj. Que no se puede evitar.
Sinónimos: inevitable, ineludible, inapelable, irremediable, ineluctable.
2. adj. Que no se deja vencer con ruegos.
Sinónimos: implacable, inflexible, inclemente, intransigente, duro, cruel, despiadado, riguroso, severo.
Antónimo: exorable.
Del latín inexorabilis.

Inexorables son esas situaciones, hechos o consecuencias que son inevitables, que no se pueden eludir. El ejemplo más claro, el paso del tiempo.
Inexorables son aquellas personas que, a pesar de los ruegos y súplicas, serán inflexibles en sus posturas.

domingo, 5 de octubre de 2025

Salirse del camino

En uno de mis paseos matinales —los hago casi a diario, entre una hora y hora y veinte minutos, y casi siempre por cuatro o cinco rutas establecidas que voy alternando sin orden— intentaba recordar si durante el camino hasta ahora realizado en mi vida, sesenta y siete tacos ya, había pensado en alguna ocasión cambiar su curso y elegir otro destino distinto al que en aquel momento me dirigiera, haber tomado un atajo, o cambiar de medio de transporte. Todo esto en sentido figurado, claro.
Porque mi juego mental para ese día—acostumbro a ello para hacer más entretenido el paseo: narrarme una historia nunca vivida por mí, recordar otra real incluyendo olvidados pero posibles diálogos, fantasear con alguna idea o un sueño o, en la mayoría de las ocasiones, contarme lo que voy viendo como si se lo estuviera haciendo a otra persona—, decía que, ese día, mi entretenimiento consistía en pensar qué me hubiera sucedido, o me sucedió, si en alguna ocasión, y cuando tenía la vista puesta, las ganas y los medios para llegar a un fin concreto, estuve a punto de optar, u opté, por tomar otra senda y destinar esos esfuerzos a otro propósito.
No había llegado aún a poner en orden el pensamiento cuando a la salida de una curva, a mi derecha, vi que partía un camino en el que nunca había reparado. Una breve pausa e inmediatamente decidí tomarlo. Por la orientación sabía a donde me llevaría, mentalmente calculé distancia y tiempo, y por supuesto tuve en cuenta la posible vuelta y también el rodeo que daría si decidía retomar mi camino original más adelante. A pesar del exceso de tiempo y distancia me aventuré a recorrerlo, seguro de que las fuerzas me responderían.
Ni que decir tiene que olvidé por completo aquella reflexión sobre itinerarios vitales del pasado, caminos marcados o por marcar, miedos para salir de ellos o ilusiones para seguir adelante o tomar otros. Me dejé de filosofías y me centré en el nuevo paisaje que, aunque aparentemente igual a otros de este entorno en el que provisionalmente resido, tenía detalles que lo hacían diferente:

Entre geométricos cultivos a punto de ser cubiertos por bóvedas de plástico, se levantaban enormes muros de cañas invasoras, sobre las que no concibo el actual respeto legal; dos gatos cruzaron el camino delante de mí y desaparecieron entre la maleza —me pregunto qué hacían esos animales en medio del campo y la respuesta es obvia: los gatos conviven con los humanos y en el entorno hay pequeñas cortijadas, edificaciones agrícolas, y ellos andan por aquí porque también debe haber roedores, y la presa llama al depredador—; una ruidosa y veloz furgoneta, ajena a mi presencia y al mal estado del sendero, me adelantó obligándome a orillarme; dos descuidadas palmeras flanqueaban la entrada a una propiedad; adelanté a una señora que caminaba bajo un paraguas, buenos días, pero no me contestó porque unos auriculares le impedían escucharme. 

Llego al final del camino y retorno a mi pensamiento inicial, que durante un buen rato había olvidado por completo. Recapitulo y considero, porque tengo recuerdos —unos vagos y otros concretos—, que sí, que hubo caminos que abandoné por buscar otros destinos, que en otras ocasiones me vi obligado a ello, o me empujaron, o fue el azar, o Dios sabrá. Pero creo que no tuve miedo cuando me adentraba en una dirección nueva, siempre pensé que lo que me esperaba iba a ser mejor, aunque no siempre fue así, mas no por ello renuncié a sueños y prioridades, a pesar de las necesidades y peajes que ello me ha conllevado. Ni tampoco me refugié en el arrepentimiento, ¿de qué me habría servido?

Al final concluí que sí, que merece la pena salirse del camino establecido, que es beneficioso para el cuerpo, para los sentidos, para la mente y el corazón. A pesar de que, como en aquel paseo matinal mío, me viera obligado a dar un largo rodeo para reencontrarme con mi camino primitivo.