Leído por ahí:
domingo, 28 de diciembre de 2025
El cansino lloriqueo de los milenial
domingo, 14 de diciembre de 2025
Ni el tiempo ni la ausencia.
domingo, 2 de noviembre de 2025
De regreso a casa.
domingo, 5 de octubre de 2025
Salirse del camino
Entre geométricos cultivos a punto de ser cubiertos por bóvedas de plástico, se levantaban enormes muros de cañas invasoras, sobre las que no concibo el actual respeto legal; dos gatos cruzaron el camino delante de mí y desaparecieron entre la maleza —me pregunto qué hacían esos animales en medio del campo y la respuesta es obvia: los gatos conviven con los humanos y en el entorno hay pequeñas cortijadas, edificaciones agrícolas, y ellos andan por aquí porque también debe haber roedores, y la presa llama al depredador—; una ruidosa y veloz furgoneta, ajena a mi presencia y al mal estado del sendero, me adelantó obligándome a orillarme; dos descuidadas palmeras flanqueaban la entrada a una propiedad; adelanté a una señora que caminaba bajo un paraguas, buenos días, pero no me contestó porque unos auriculares le impedían escucharme.
Llego al final del camino y retorno a mi pensamiento inicial, que durante un buen rato había olvidado por completo. Recapitulo y considero, porque tengo recuerdos —unos vagos y otros concretos—, que sí, que hubo caminos que abandoné por buscar otros destinos, que en otras ocasiones me vi obligado a ello, o me empujaron, o fue el azar, o Dios sabrá. Pero creo que no tuve miedo cuando me adentraba en una dirección nueva, siempre pensé que lo que me esperaba iba a ser mejor, aunque no siempre fue así, mas no por ello renuncié a sueños y prioridades, a pesar de las necesidades y peajes que ello me ha conllevado. Ni tampoco me refugié en el arrepentimiento, ¿de qué me habría servido?
Al final concluí que sí, que merece la pena salirse del camino establecido, que es beneficioso para el cuerpo, para los sentidos, para la mente y el corazón. A pesar de que, como en aquel paseo matinal mío, me viera obligado a dar un largo rodeo para reencontrarme con mi camino primitivo.
domingo, 14 de septiembre de 2025
De postre, fruta.
domingo, 24 de agosto de 2025
La carga heróica del Laureado Regimiento...
Por Darío Madrid
El 23 de julio de 1921, 691 jinetes españoles pertenecientes al Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 10 cargaron en siete ocasiones en las orillas del río seco Igán, contra las tropas de Abd el-Krim para proteger la retirada de sus compañeros de Annual. Murieron 551.
Los compañeros que trataban de proteger procedían de la posición de Annual. El general Silvestre había ordenado la retirada después de suponer que 10.000 rifeños les cercaban. Los españoles no superaban los 5.000 hombres y carecían de víveres, agua y municiones.

El general Silvestre fallece en extrañas circunstancias. Algunas versiones afirman que se suicidó al ser herido y verse rodeado de enemigos. Su cuerpo nunca fue hallado. Tomará el mando el general Felipe Navarro que había llegado a Annual el día anterior.

Navarro tiene que dirigir una retirada de tres mil soldados españoles y dos mil indígenas. Tienen que atravesar un territorio árido donde abundan las alturas y los desfiladeros. El primer objetivo es tratar de alcanzar Batel a unos 19 kilómetros. Desde allí tratarán de alcanzar Melilla.
Al frente del Regimiento de Alcántara nº 14 se encontraba el teniente coronel Fernando Primo de Rivera. Morirá en Monte Arruit días a causa de la gangrena de las heridas que le produjo la explosión de una granada. El Regimiento se había establecido en Dar Drius. A las siete de la mañana del 23 de julio, un escuadrón del Regimiento de Alcántara tiene que salir de Dar Drius para proteger en una primera ocasión de aquel día a los compañeros que se baten en retirada. Se ven obligados a cargar contra los moros y causan muchas bajas.
Regresan a Dar Drius a las once de la mañana, pero en seguida se ven obligados a volver a salir en compañía de todo el Regimiento. Tienen que proteger a dos columnas que solicitan ayuda. Cargan, matan a varios de los atacantes y los dispersan. A la una y media llega al Regimiento la noticia de que un convoy ha quedado atascado en el cauce seco del río Igán. Los rifeños están tiroteando a las ambulancias. Cuando llegan nada se puede hacer. Todos los ocupantes de las ambulancias están muertos, muchos de ellos degollados.
El Regimiento trata de regresar a Dar Drius pero según se van acercando ven que el poblado está ardiendo. Observan que una columna ha logrado escapar para tratar de llegar al fortín de Monte Arruit pero los rifeños están posicionados en el río Igán impidiendo el paso.

Primo de Rivera arenga a su tropa: “¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas la mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos.”
Tienen la orden de desalojar al enemigo de sus posiciones al precio que sea. El Regimiento se lanza al galope colina arriba blandiendo los sables. Según se acercan reciben fuego intenso de fusilería. El teniente coronel Primo de Rivera pierde su montura y sigue luchando de pie.

De los 691 integrantes del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 14, 551 han fallecido, el resto están heridos o han sido hecho prisioneros. Casi todos sus caballos han muerto en el combate. El Regimiento ya no tiene capacidad para seguir luchando.
Gracias a las siete cargas del Regimiento de Alcántara nº 14, la columna que había logrado escapar del asedio de Dar Drius logra llegar a Monte Arruit. De los cinco mil soldados que habían partido de Annual alcanzan Monte Arruit unos tres mil.
En Monte Arruit resistirán en penosas condiciones hasta el nueve agosto. Sin agua, sin provisiones, sin municiones, abandonados a su suerte por el mando, el general Navarro pacta con el enemigo el traslado hacia Melilla siempre que la fuerza española entregue el armamento.
Formados los tres mil supervivientes en el exterior de la fortificación, los rifeños comienzan a disparar a traición contra los soldados desarmados. Muchos son degollados. Sus cadáveres quedarán insepultos dos meses. Respetan la vida de 60 militares, incluido el General Navarro.

Entre el 22 y el 9 de agosto de 1921 murieron cerca de 8.000 militares al servicio de España (españoles e indígenas) por un enemigo claramente inferior a causa de la ineficacia y la cobardía de sus mandos. Nunca tenía que haber ocurrido el llamado “Desastre de Annual”.
El Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 14 fue condecorado la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva en junio de 2012.
Esta es la hazaña inmortal del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 10.
domingo, 10 de agosto de 2025
«Sí, y tú ¿qué?».
domingo, 27 de julio de 2025
No me gustan los mercadillos...
No me gustan los mercadillos, al menos en el sentido más popular y extendido en la actualidad.
Pues menudo comienzo has tenido. Intentemos
arreglarlo.
De pequeño acompañé en numerosas ocasiones a mi
madre al que todos los sábados —ubicación temporal que le daba nombre— se
instalaba en la plaza de España de mi pueblo, bajo los soportales. El tiempo y
el aumento de vendedores hizo que se trasladara a todo lo largo de la calle
Ramón y Cajal, e incluso llegara hasta el Parque. Ahí lo dejé yo, que ya me
ausenté y mis retornos fuero de tarde en tarde, o peor, de higos a brevas.
En una de aquellas venidas lo vi trasladado La
Laguna y tiempo después, tanto había crecido, que lo empujaron más allá, cerca
de las afueras del pueblo. Hoy lo instalan aún más lejos, en una zona de “reciente
construcción”, verdaderamente a las afueras.
Actualmente ese mercadillo, como casi todos los
que se levantan por los pueblos de esta tierra, no tienen nada que ver con
aquel de mi infancia. Mientras en el de mi recuerdo infantil se mezclaban
puestos con mercancías variadas, ropas, zapatos, cacharrería, alimentación y un
no muy largo, pero sí diverso, catálogo de productos, en los actuales la oferta
de género es muy limitada: ropa, ropa y ropa, incluidos zapatos; pero prácticamente
todo para mujer, para nosotros muy poco, pero no me importa, hago poco gasto. También,
algo de tejidos para el hogar, cortinas y cosas así, y puestos puntuales de
otras cosillas. Bah, cosas sin interés que no aparecen en la lista de la compra
de quien esto escribe.
A lo que iba al principio, repito, no me gustan
los mercadillos. Pues a la monótona y escasa oferta de productos a la venta hay
que añadir dos componentes más por los que siento un irrenunciable rechazo: hay
muchísima gente, mucha, apenas se puede caminar, no es agradable el continuo
roce, el choque involuntario, perdón señora, disculpe, una y otra vez. A lo que
hay que añadir el calor, que, aunque se trate de fecha invernales siempre lo hará
—en verano ni os cuento—; la proximidad de los cuerpos, el roce que decía
antes, el ambiente opresivo, todo ello sumado hará que mi estancia allí me resulte
agobiante. Un fastidio de situación.
Pero queda un último elemento que añadir al
asunto, que tres son tres los motivos que suelo esgrimir para eludir las
visitas a esos lugares, y es el ruido, mucho ruido, un murmullo constante,
general, de decenas de decibelios, alterado a ratos por alguna voz estridente
que a veces habla por teléfono —ni que me importara algo su conversación, pues
hable bajo, criatura—. Y de vez en cuando, antes incluso, en el tránsito entre
un puesto y otro, una voz destaca sobre todo el colectivo de visitantes, es la
del vendedor o la vendedora, que ofrecen su mercancía a voz en grito, de manera
repetida, estridente, a intervalos cortos de tiempo, molestísimamente.
Sin embargo, un martes
de este mes, que es cuando se monta el mercadillo en el lugar donde temporalmente
resido, y cuando todo transcurría con la incomodidad que esos lugares me
producen, vi alterada la normalidad con la voz de un tendero que ofrecía
exclusivamente vestidos de mujer, coloridos, frescos, amplios, aptos para el
verano y el calor. El buen hombre voceaba a su público frases ocurrentes,
originales, destinadas a todas sus potenciales clientas pero que a veces parecía
dirigir a alguna señora en concreto al otro lado del tenderete. Capté dos que
me gustaron, y mucho:
—
¡Venga, venga, que mis blusones os hacen guapas!
Y la mejor:
— Anda, pruébatelo, que a
ti te resalta.
Pues
nada, que el tipo me reconcilió con los mercadillos, pero sólo el rato que
permanecí por allí, que ya fue bastante.
domingo, 29 de junio de 2025
Lo que tú digas
domingo, 15 de junio de 2025
Préstame un pan y tráemelo a casa.
¿Os ha sucedido que alguien os haya pedido un favor, realizar algo en su nombre o ayudar en determinada tarea, y que la concesión del mismo llevara incorporada un cometido auxiliar? Es decir, que al peticionario no le baste la concesión del favor, sino que quiere ir más allá, aprovechar la circunstancia y conseguir la ayuda con un punto de rédito más. ¿A que sí?
Creo que esos casos se debían, y se deben, dar con frecuencia, tanto que no he olvidado el aforismo que tantas veces le escuché:«Préstame un pan y tráemelo a casa»
Bueno, pues ahí se resume —qué pocas palabras
para decir tanto— la filosofía del que, necesitando algo, y pidiéndoselo a otro,
le obliga a más simplemente por su comodidad o, incluso, por creer estar en una
posición superior o distinta que le da derecho a ciertas exigencias.
No va este decía mi madre de hoy de
justificar el no hacer ciertos favores, no, válgame Dios. Que hacer favores es
algo excelente, es una gran oportunidad para mostrarte cómo de verdad se es
ante el otro, ante el que pide. Pero ojo, que hacer favores no es tener
obligaciones, esto como premisa de lo que sigue.
Este decía mi madre va de aquellas
personas que, al pedir el favor y cuando ya se les ha dicho que sí, que se
lo hacen, cuente con ello, aumentan la petición con una ampliación del
mismo, apenas insignificante en apariencia, porque, total, si sólo será un
pequeño esfuerzo más por parte del benefactor, y así serán complacidos por
completo. La persona favorecedora se sentirá en tal tesitura que no será capaz
de romper el compromiso que antes había adquirido, viéndose en la obligación de
cumplir con la segunda parte del favor. Pero a partir de entonces se estará ojo
avizor ante futuras ocasiones para no volver a caer en las garras del
aprovechado. Cuidado con este último: interesado, ventajista, abusador,
egoísta.
Sin embargo, puede suceder que, con todo el
agrado del mundo, el hacedor del favor se sienta encantado de hacerlo, ése y
todo lo que en el momento le pida el solicitante. Y es así porque el primero
sentirá que se está implicando en el segundo, y lo hará porque le importa esa
persona y los favores se hacen precisamente por eso, porque nos importan las
personas. Bueno, algunas personas.
Y viceversa, que también pedir favores —según a
quién, cuándo, cómo, etc.— es una buena manera de estrechar lazos con el otro.
Porque en este caso también estás mostrando una manera de involucrarse, de
aceptar una responsabilidad. Le estás diciendo que le importas, hasta tal punto
que es a él a quien le pides el favor y no a otro, que «sólo tú puedes
hacerlo, por favor». En este caso, si el favor es concedido, uno estará en
la obligación de contestar con un sincero «te debo una…»
Así que ya sabes, si pides que te traigan algo,
no exijas que te lo traigan a casa, ve tú a recogerlo a la de quien te
hace el favor. A no ser que tu casa le coja de camino a la suya.
domingo, 11 de mayo de 2025
Se corre mal con un niño en brazos.
Durante la lectura de la última novela de Arturo Pérez-Reverte, La isla de la Mujer Dormida, que, por cierto, estoy disfrutando más que la anterior, y en un diálogo entre el protagonista, Miguel Jordán, y el propietario de la isla, el barón Katelios, éste último dice:
«…En cualquier caso, a
las mujeres suele convenirles un hijo, pues pueden utilizarlo como arma
defensiva y ofensiva… Pero tal vez en tiempos inciertos sea prudente no tenerlos.
Se corre mal con un niño en brazos mientras arde Troya, ¿no cree?... Y todo
parece a punto de arder, ahora.»
Como con tantas otras frases, o largos
párrafos como es el caso de ahora, que me llaman la atención nada más leerlas, me apresuré a subrayarlo —soy mucho de
subrayar, hasta tal punto que cuando leo casi siempre tengo un lápiz en la mano
o cerca, e incluso lo utilizo como marcapáginas—. Inmediatamente me hice la
observación mental de que se trataba de un texto muy del escritor, que incluso
leído sin contexto se podría adivinar la autoría.
Tan seguro estaba de ello que me atreví
a pensar que ya lo había leído en otra obra suya, pero ¿cuál? Tenía que ser en
alguna que también tratara un tema bélico, pero ¿cuál? Si este hombre, todo lo
que escribe, poco más o menos, siempre anda alrededor de una guerra.
Así que me puse a buscar entre todos sus
libros con la seguridad de que si la frase, u otra muy parecida, ya estaba escrita,
yo la tenía que haber subrayado, con lo que sería fácil de encontrar.
Apareció al segundo intento. El primer
libro que ojeé, con relativa parsimonia, fue El italiano —buena novela,
me gustó—, allí no estaba; a su lado en el estante descansa Línea de fuego —mejor que la
anterior a mi parecer, muy dura a la vez que ideológicamente limpia—. En su
página 419 el militar republicano Bascuñana le dice a la miliciana Pato Monzón:
—Hay épocas en las que es
mejor estar solo, ¿no crees?... Se corre mejor sin un niño en brazos, sin una
mujer de la mano, sin unos padres a los que dejar atrás…»
Es evidente que no se trata de las
mismas palabras, pero sí del sentido de las mismas, que vienen a decirnos cuál
es la mejor manera de sobrevivir en situaciones como esas, y cuál es la mejor
compañía para hacerlo.
Entender que el autor se ha auto plagiado —en más de una ocasión he leído, de críticos no afectos a Pérez-Reverte, evidentemente, que éste siempre escribe igual y sobre lo mismo— me parece una maldad, el académico se ha limitado a recurrir a una frase funcional y efectiva. Tanto es, que conmigo, en cierto modo, ha resultado.
domingo, 27 de abril de 2025
Estar al cabo de la calle
No ha sido un déjà vu
domingo, 13 de abril de 2025
Ciegos y sordos por voluntad propia
domingo, 23 de marzo de 2025
Nuevas palabras.
¿Cuántas palabras tiene el español?, o el castellano, me da lo mismo: La I.A., así al pronto, dice que 93.000 son las registradas en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), «aunque la cifra total es mucho mayor si incluimos tecnicismos, regionalismos (como los americanismos) y palabras en desuso, superando las 100.000 o incluso 150.000 si se considera el léxico completo». O sea, una barbaridad. No pongo en duda los datos, por ahí deben ir los tiros, más de una página web apunta hacia lo mismo. Y de todas esas, ¿cuántas usamos habitualmente?, ¿cuántas utiliza quien esto escribe en la vida diaria?, ¿500, 1.000, 2.000?, no tengo la menor idea.
Del primero nos
dice el DRAE, escuetamente, que es un verbo intransitivo y que significa «Actuar
recíprocamente», punto. Pero indago algo más, compruebo que es sinónimo de interaccionar
—ejercer una interacción: acción que se ejerce entre dos o más objetos,
personas, agentes, fuerzas, funciones, etc.—, y de interrelacionarse,
relacionarse, comunicarse. Ya está, ya sé por qué nunca he usado la palabra
interactuar; sencillamente porque yo siempre me he relacionado
con la gente, con mi entorno, y de manera natural me he comunicado con
ellos, sin saber en ningún momento que mientras realizaba esa acción recíproca,
estaba interactuando. Y lo más llamativo, durante el proceso que he llevado
mientras escribo esto, descubro que en el ejemplar que poseo del DRAE, vigésima
primera edición del año 1992, no aparece la palabra interactuar (página
1178: de interactivo pasa a interamericano).
La segunda
palabra, sociabilizar (ojo, no confundir con socializar), es tratada en el DRAE con la misma sequedad que
la anterior: verbo transitivo, «Hacer sociable», punto otra vez. Y
siguiendo el procedimiento anterior constato que sus sinónimos son alternar,
fraternizar y, curiosamente, comunicarse. Qué casualidad, ambas
palabras han quedado vinculadas, las dos son a su vez sinónimas, una y otra
hablan de correspondencia, de relaciones, por lo que me atengo al comentario
que ya hice para interactuar, y de manera semejante escribo que llevo
toda la vida sociabilizando, y yo sin saberlo. Y otro elemento más que une
las dos palabras: esta última, sociabilizar, tampoco aparece en mi ejemplar del DRAE (página 1894: de sociabilidad
pasa a sociable).
Así pues, no me
queda otro camino que actualizarme y procurar el uso frecuente de esos vocablos
—y de otros muchos que voy conociendo—, lo que viene a denominarse normalizar
—«Regularizar o poner en orden lo que no estaba»—, otra palabrita para mí nueva
que, aunque sí viene en mi ejemplar del DRAE (página 1447) yo no usaba.
domingo, 9 de marzo de 2025
Dímelo andando.
«Dímelo andando»
Que no era nada más que seguir hablando, pero permitiendo que ella pudiera continuar con lo que se trajera entre manos.
No
cabe duda que llegó un momento en que me interesé por el origen de la acertada y
siempre resuelta orden. Me contó, y es la única versión que conozco —la red
de redes no me da ningún resultado al respecto—, que allá por la posguerra
hubo un alcalde en la ciudad de Toledo al que le incomodaba que sus convecinos
se pararan a charlar cuando se encontraban por las estrechas calles de aquel
lugar, provocando tapones que impedían el paso de otros. Y es que realmente las
calles de esa ciudad, en su casco más céntrico, son bastantes angostas y
cualquier aglomeración humana, por muy pequeña que sea, tres o cuatro personas,
debe fastidiar al viandante. Así que el regidor
de la ciudad, en su afán de aliviar el tránsito peatonal de las calles, ordenó
a sus municipales que “disolvieran” los grupitos de tertulianos que vieran parados
en ellas. Los funcionarios, prestos a su labor, no dudaban en separarlos,
pacíficamente eso sí, con la frase recomendatoria que años después me diría mi
madre.
Dicen que tal
éxito tuvo aquella expresión que el alcalde terminó siendo apodado como
don Dímelo Andando, lo cual, estoy seguro, no desagradaría al buen señor.
Pero
a saber de la verosimilitud de aquello, que como anécdota queda muy bien, y como recomendación de mi madre es una auténtica joya.
domingo, 16 de febrero de 2025
«Esto también es memoria histórica»
Goya 2025
El discurso ganador dedicado a las víctimas de ETA que incomodó a Sánchez: «Esto también es memoria histórica»
María Luisa Gutiérrez, productora de La infiltrada, una de las dos ganadoras del Goya a la mejor película pronunció un valiente discurso

María Luisa Gutiérrez, productora de La infiltrada, durante su valiente discurso al recoger el Goya a la mejor película
Jorge Aznal
09/02/2025
El sorprendente final de la gala de los Goya 2025, con el Goya a la mejor película compartido por El 47 y La infiltrada, nos regaló el mejor y más valiente discurso de la noche: el pronunciado por María Luisa Gutiérrez, productora de La infiltrada, en favor de las víctimas de ETA.
«Los cuatro productores queremos compartir este premio con la infiltrada real y con todos los que, como ella, arriesgan su vida al final por el bien común y por defender los principios de la democracia. La democracia se basa en la libertad de expresión. Y la libertad de expresión se basa en que cada uno, piense lo que piense, y aunque yo esté en las antípodas de lo que piensas tú, que te respete y que tú tengas el derecho a decir lo que piensas», aseguró, decidida, María Luisa Gutiérrez.
«También lo queremos compartir con la familia Ordóñez y con la Fundación Víctimas del Terrorismo, con COVITE, y con todas aquellas víctimas reales que han visto la película y que, a pesar del dolor que han sentido, nos han dado las gracias porque es una historia que hay que recordar. Porque la memoria histórica también está para la historia reciente de este país», recordó la productora de La infiltrada.
«Por último, quiero compartir mi trocito de Goya con Santiago Segura porque nuestra empresa hace comedias familiares que hacen mucha taquillas y gracias a ellas podemos hacer películas arriesgadas como esta. En una industria sana se necesitan los dos cines. Uno no puede vivir sin el otro», señaló María Luisa Gutiérrez, valiente también en ese punto de su admirable y admirado discurso por numerosos usuarios de la red social X, antes Twitter.
«Por primera vez en el mundo woke del subvencionado cine español se oye el discurso contra ETA, ante las mirada atónita de los progres y sus cobardes aplausos. La infiltrada, la película mas taquillera del cine español y dirigida por una mujer», publicó el historiador Josep Ramon Bosch i Codina.
«Pues esta SEÑORA, productora de la ganadora La infiltrada, ha hablado de la libertad de expresión y la tolerancia a la opinión de los demás, ha recordado a las víctimas del terrorismo (con muy pocos aplausos), y ha hablado del abandono que sufren los agricultores. OLÉ POR ELLA», reflejó la cuenta MásSolaquelaLuna.
El atronador y ejemplar discurso de María Luisa Gutiérrez, más aplaudido en las redes sociales que, tristemente, en la propia gala de los Goya por el sectarismo que define a una amplia mayoría –no a todos– del cine español, ha sido defendido incluso por un concejal socialista como el coruñés Fran Díaz Gallego.
«A mí alguien me tiene que explicar que hay de malo en este discurso… ¿Qué parte de todo lo que dice tiene algún problema?», se preguntó Fran Díaz Gallego ante algunas duras críticas vertidas en la red social contra las palabras de María Luisa Gutiérrez. Lo hizo, además, acompañando su mensaje de la etiqueta '#comoestánlascabezas'.
María Luisa Gutiérrez coronó su ejemplar discurso de agradecimiento por el Goya a la mejor película a La infiltrada, ex aequo con El 47, compartiendo el galardón con «mis colegas los productores independientes, que hacen apuestas arriesgadas por películas que quizás no tienen un rédito en taquilla, porque la cultura no tiene que tener solo un rédito en taquilla, pero que luego van viajando por todo el mundo como marca España».
La productora terminó con un agradecimiento que calificó como «muy personal». «A mí los estudios me los ha pagado la agricultura. La agricultura y los ganaderos de este país lo están pasando mal. Nadie habla de ellos, son invisibles. El campo lo está pasando mal y sin el campo, aquí no tenemos nada», reflexionó la productora. Y, por último, dedicó su «trocito de Goya» a su pueblo, Yunquera de Henares, en la provincia de Guadalajara, y su familia. A su padre y a sus hijos, «que han tenido que sufrir mis ausencias». Lo mejor, más valioso y más valiente de la gala de los Goya 2025 esperaba, definitivamente, al final.
https://www.eldebate.com/cine-tv-series/20250209/discurso-ganador-dedicado-victimas-eta-incomodo-sanchez-esto-tambien-memoria-historica_268635.html
domingo, 2 de febrero de 2025
El sueño que he tenido
domingo, 26 de enero de 2025
Razón o emoción
«Si una opinión contraria a la tuya te hace enfadar, es señal de que inconscientemente eres consciente de que no tienes ninguna buena razón para pensar cómo lo haces…
Así que, siempre que te encuentres enfadado por una diferencia de opinión, permanece alerta; probablemente descubras que tu creencia va más allá de lo que justifica la evidencia».
No quito ni una letra de lo anterior.
Sin embargo, qué difícil es no irritar a quien no ve en nuestra opinión un reflejo de la suya, o cuando ante la petición de un consejo recibe una respuesta no esperada, porque para él la pregunta llevaba implícita una respuesta que espera colmará sus deseos.
Debemos entender y aceptar que cuando las respuestas que obtenemos no coinciden con las que esperamos, sólo significa que hay discrepancias entre lo que se desea y lo que se obtiene, no es porque ninguno de los dos no estemos dispuestos a ceder porciones de razón, ni a apropiarnos de la del otro.
Tampoco a dejarnos llevar por las emociones, por muy cercana o fuerte que sea la relación entre ambos, por mucho o poco que sea el afecto que nos una. En este caso es importante evitar el sentimiento de culpa por una de las partes y, por supuesto, no consentir el chantaje por la otra.



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