Me llaman la atención, o mejor, me llamaban, porque se vienen repitiendo mucho últimamente, las frases que ilustran los sobrecitos de azúcar, algunas de conocidos personajes literarios, históricos, y otras de autoría anónima. Suelo fotografiar el sobre junto al vaso o la taza, lo rasgo y endulzo el café. Tengo una carpeta en mi ordenador con muchas fotitos, e incluso he dejado caer algunas en mis redes sociales.
Cuando creía que ya estaba todo inventado, cansado de frases de Groucho Marx, de Charles Chaplin, de Churchill, de escritores y pensadores variados, encuentro una de autor desconocido, la más encantadora de todas, hasta ahora, que no sé qué me deparará el futuro.
El autor parte de un dicho conocidísimo, atribuido al político y escritor cubano José Martí: «Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro»; y que viene a decirnos de manera simbólica y trascendente, siguiendo el orden del proverbio, que debemos crear un hogar y echar raíces en algún lugar, que tenemos que formar una familia y dar continuidad a la vida y, por último, que estamos obligados a trasmitir conocimientos dejando huella de nuestro paso por la tierra.
Sin embargo, el autor de la frase del sobrecito de azúcar contemporiza y se adapta, 130 años después de la muerte del cubano, al momento actual, llamando, primero, la atención al autor original con un rotundo «oye, tú, que lo que dices, sí, es fácil…», que seguramente lo sea, no sé, —un servidor no se ha estrenado con la tercera afirmación—, para continuar diciendo, vale tío, lo que tú digas, pero lo difícil es «criar un hijo, que no te talen el árbol y que lean el libro».
Y es que, con toda seguridad, en el siglo XIX las cosas eran muy distintas a las de esta primera mitad del XXI; no digo que más fáciles entonces ni ahora más difíciles, sino complicadamente muy distintas.

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