domingo, 29 de junio de 2025

Lo que tú digas


Hace poco durante una tertulia, en la que también participaba una persona de mi círculo más íntimo, cuando el diálogo —no recuerdo el tema y tampoco importa— entre ésta última y yo comenzaba a adquirir un tono que amenazaba con lo que parecía iba a ser una discusión, busqué un modo de apaciguar el horizonte que se avecinaba y recordé una historia, que se cuenta como chiste, en la que dos tipos hablan y uno de ellos, el más joven, le pregunta al otro, bastante mayor que el primero:

        —¿Qué hace usted para haber llegado a tan longeva edad, con una salud de hierro y una mente tan viva y sana?

A lo que el segundo le responde, sin apenas dar tiempo antes de la respuesta:

        —Sencillamente, no llevando nunca la contraria a los demás.
        —Será por otra cosa —le responde el joven.
        —Pues entonces será por otra cosa —le dice, tras apurar el vaso de vino que tenía en la mano.

No hace falta decir que llevé a cabo la moraleja de la historia y zanjé el debate con un «lo que tú digas», cuyo irónico significado se entendió perfectamente entre todos los asistentes. Mi contertulio creó que no lo captó, pues vi en su cara una sonrisilla que me pareció algo más que un claro gesto de satisfacción.

domingo, 15 de junio de 2025

Préstame un pan y tráemelo a casa.

¿Os ha sucedido que alguien os haya pedido un favor, realizar algo en su nombre o ayudar en determinada tarea, y que la concesión del mismo llevara incorporada un cometido auxiliar? Es decir, que al peticionario no le baste la concesión del favor, sino que quiere ir más allá, aprovechar la circunstancia y conseguir la ayuda con un punto de rédito más. ¿A que sí? 

Creo que esos casos se debían, y se deben, dar con frecuencia, tanto que no he olvidado el aforismo que tantas veces le escuché:

«Préstame un pan y tráemelo a casa»

Bueno, pues ahí se resume —qué pocas palabras para decir tanto— la filosofía del que, necesitando algo, y pidiéndoselo a otro, le obliga a más simplemente por su comodidad o, incluso, por creer estar en una posición superior o distinta que le da derecho a ciertas exigencias.

No va este decía mi madre de hoy de justificar el no hacer ciertos favores, no, válgame Dios. Que hacer favores es algo excelente, es una gran oportunidad para mostrarte cómo de verdad se es ante el otro, ante el que pide. Pero ojo, que hacer favores no es tener obligaciones, esto como premisa de lo que sigue.

Este decía mi madre va de aquellas personas que, al pedir el favor y cuando ya se les ha dicho que sí, que se lo hacen, cuente con ello, aumentan la petición con una ampliación del mismo, apenas insignificante en apariencia, porque, total, si sólo será un pequeño esfuerzo más por parte del benefactor, y así serán complacidos por completo. La persona favorecedora se sentirá en tal tesitura que no será capaz de romper el compromiso que antes había adquirido, viéndose en la obligación de cumplir con la segunda parte del favor. Pero a partir de entonces se estará ojo avizor ante futuras ocasiones para no volver a caer en las garras del aprovechado. Cuidado con este último: interesado, ventajista, abusador, egoísta.

Sin embargo, puede suceder que, con todo el agrado del mundo, el hacedor del favor se sienta encantado de hacerlo, ése y todo lo que en el momento le pida el solicitante. Y es así porque el primero sentirá que se está implicando en el segundo, y lo hará porque le importa esa persona y los favores se hacen precisamente por eso, porque nos importan las personas. Bueno, algunas personas.

Y viceversa, que también pedir favores —según a quién, cuándo, cómo, etc.— es una buena manera de estrechar lazos con el otro. Porque en este caso también estás mostrando una manera de involucrarse, de aceptar una responsabilidad. Le estás diciendo que le importas, hasta tal punto que es a él a quien le pides el favor y no a otro, que «sólo tú puedes hacerlo, por favor». En este caso, si el favor es concedido, uno estará en la obligación de contestar con un sincero «te debo una…»

Así que ya sabes, si pides que te traigan algo, no exijas que te lo traigan a casa, ve tú a recogerlo a la de quien te hace el favor. A no ser que tu casa le coja de camino a la suya.