domingo, 2 de agosto de 2026

SOFISMA

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SOFISMA:

1. m. Razón o argumento falso con apariencia de verdad.
Sinónimos: falacia, engaño, falsedad, argucia, trampa.
Antónimos: Verdad, certeza.
(del DRAE)


Es el razonamiento falso o incorrecto que parece verdadero y válido, pero que tiene intención de engañar o persuadir a otros. Tiene una estructura lógica, persuadida de corrección, conteniendo trampas o errores ocultos en su contenido o en su forma.
Es un engaño disfrazado de lógica.

lunes, 27 de julio de 2026

VAGIDO

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VAGIDO:

1. m. Gemido o llanto del recién nacido.
Sinónimos: gemido, llanto, lloro, lloriqueo.
Etimología: del latín “vagitus”, llanto o gemido del bebé.

Describe el primer sonido o lloro que hace un niño al nacer, o durante los primeros años de vida. Marca la entrada del recién nacido en el mundo
En sentido figurado indica el inicio de algo.
 


PROCAFEINAR

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PROCAFEINAR:

Posponer una decisión, situación o la ejecución de una tarea hasta no haber tomado un café.

Verbo transitivo, neologismo, con cierto tono humorístico, que indica el retraso en la toma de alguna responsabilidad a la vez que se prioriza el momento del café. Porque nada importante puede hacerse, ni siquiera comenzar el día, sin tomar un buen café.



miércoles, 22 de julio de 2026

INSULTOS CON LA «A» (1)

ABANTO:
Aturdido y torpe.
Antónimos: espabilado, despabilado, avispado.
(del DRAE)
Persona distraída, despistada, pasmada. Vamos, de pocas luces.

ABRAZAFAROLAS:
Tiene doble significado, el primero está referido a las personas que se emborrachan con frecuencia y van por la calle tan bebidos que necesitan sujetarse a las farolas para mantenerse en pie y no caerse; o sea, que es sinónimo de borracho.
Pero también es utilizada para referirse a quienes, sin criterio propio, buscan arrimarse al poder o a quien más brilla —la luz de la farola— por puro interés. En este caso es sinónimo de “pelota” —persona que halaga para conseguir algún objetivo—. Este término lo popularizó, en la segunda mitad del siglo pasado, el periodista deportivo José María García. No está recogido por la RAE.

ADEFESIO-A:

Persona o cosa ridícula, extravagante o muy fea.

Despropósito, disparate, extravagancia.

Sinónimos: esperpento, fantoche, birria, mamarracho, hazmerreir, facha, espantajo.

Etimología: del lat. ad Ephesios 'a los efesios', título de una epístola de san Pablo, por alusión a las penalidades que pasó el santo en Éfeso durante su predicación.

(del DRAE)

Cosa o persona que, de tan fea, muy fea, es horrible, un despropósito, un disparate, una extravagancia, una ridiculez extrema.


ADUFE:

Persona o cosa ridícula, extravagante o muy fea.

Pandero, persona necia (coloquial, desusado).

(del DRAE)

Como bien dice la RAE, se trata de un sinónimo más de necio, tonto, etc., por lo que es aplicable a personas de poco entendimiento, o a las que por su aspecto provocan sorna o desagrado.


AJOLOTADO:

Atontado, aturdido, atolondrado.

Sinónimos: tolondrón, atarantado, alocado, destinado, tolondro.

Es un salvadoreñismo (palabra de uso exclusivo o preferente en El Salvador).

(del DRAE).

Utilizado para describir a personas inquietas o muy nerviosas, o que se comporten de forma precipitada, con prisa o confusión.


ALCORNOQUE:

Persona ignorante y zafia.

Sinónimos: bruto, estúpido, necio, torpe, zopenco, zote, tarugo.

Antónimos; listo, inteligente, agudo, sensato.

(del DRAE)

Sirve para describir a personas de cortas y lentas entendederas.

Es un descalificativo leve que suele formar parte de frases tales como «cabeza de alcornoque» y «pedazo de alcornoque».


ALFEÑIQUE:

Persona delicada de cuerpo y complexión.

Sinónimos: enclenque, débil.

(del DRAE).

Forma coloquial para indicar que una persona está muy delgada, débil, delicada de cuerpo y complexión o que se cansa con mucha facilidad.

Es un insulto suave que sirve como apodo para quien está flaco o enfermizo.


AMARGADO-A:
Dicho de una persona: Que guarda algún resentimiento por frustraciones, disgustos, etc.
Sinónimos: resentido, desengañado, avinagrado.
Antónimos; alegre, feliz, optimista, agradable.
(del DRAE)
La persona triste, con mal carácter debido a problemas o deseos no cumplidos en el pasado, por lo que guarda rencor a ese pasado.

Siempre convertirá cualquier buena noticia en un motivo para quejarse, Si tú estás de buen humor, él se encargará de equilibrar la balanza.





lunes, 20 de julio de 2026

SOSIEGO

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SOSIEGO:

1. m. Quietud, tranquilidad, serenidad.
Sinónimos: calma, serenidad, tranquilidad, quietud, paz, placidez, reposo, relajación.
Antónimos: desasosiego, intranquilidad, agitación.

Es aquel estado en el que la tranquilidad, la calma y la quietud del ánimo proporcionan, a la persona que lo siente, serenidad, paz interior y ausencia de agitación o nervios.
Aparece, por ejemplo, tras controlar algo que ha costado conseguirlo, o cuando no ha sido posible ese control, decidimos dejar de luchar.
Porque a veces no se necesitan cambios, respuestas o soluciones. Sólo la calma del instante en que la mente deja de preocuparse y el corazón, por fin, descansa.
El sosiego es todo lo opuesto al estrés, la prisa, al desasosiego.


lunes, 13 de julio de 2026

CONTUMELIA

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CONTUMELIA:

1. f. Oprobio, injuria u ofensa dicha a alguien en su cara.
Sinónimos: afrenta, ultraje.
Antónimos: elogio, alabanza, encomio.

Es el insulto grave que directamente se dice a una persona, en su cara, con la clara intención de ofenderla o humillarla. O sea, el agravio que, buscando la humillación, se dice de frente nunca a espaldas.


lunes, 6 de julio de 2026

FRUICIÓN


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FRUICIÓN:

1. f. Goce muy vivo en el bien que se posee.
2. f. Complacencia, goce.
Sinónimos: goce, gozo, placer deleite, disfrute, complacencia, regodeo, agrado, delectación.
Antónimos: padecimiento, desagrado, sufrimiento, insatisfacción.

Es el placer intenso, la satisfacción profunda, que una persona siente al poseer algo, realizar una acción o contemplar un bien, ya sea material o inmaterial.
No es un simple placer superficial, va más allá, pues implica una conexión emocional con el objeto del goce.


lunes, 29 de junio de 2026

VELEIDOSO

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VELEIDOSO:

1. adj. Inconstante, mudable.
Sinónimos: frívolo, ligero, versátil, voluble, variable.
Antónimos: constante.

Alguien que cambia fácilmente de opinión, deseos, ideas, sentimientos o estado de ánimo.
Esa persona caprichosa, que hoy quiere una cosa y mañana otra, y cuyas decisiones nunca son firmes.


PROCAZ

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PROCAZ:

1. adj. Desvergonzado, atrevido.
Sinónimos: insolente, atrevido, impúdico, obsceno, grosero, indecente, indecoroso, descarado, cínico.
Antónimos: recatado, pudoroso.

Describe a una persona con todos los sinónimos anteriores, sobre todo cuando se expresa con un lenguaje vulgar o actúa de manera provocativa, con una falta total de pudor.
A menudo se utiliza para calificar comentarios o actitudes fuera de las normas del decoro, la moral y el respeto.


domingo, 28 de junio de 2026

Insultando, que es gerundio.

Tras dos entradas anteriores, «Insultando suavemente» y «Decirle tonto sin decir tonto», se me ha ocurrido dedicar otras cuantas a ampliar el tema con la enumeración de cuantos insultos y calificativos más o menos groseros pueda encontrar en nuestro idioma, procurando no llegar a lo soez, si es que eso es posible, pues en castellano abundan los epítetos chabacanos; muy chabacanos, y es posible que no me pueda resistir. Sin embargo, estoy seguro de que la mayoría son bastantes suaves y simpáticos en su fonética, inocentes y graciosos en su significado y, con toda certeza, desconocidos para el conjunto de nosotros.
A este ánimo se sumó el hallazgo, hace unos días, de un texto que leí en la red en el que se enumeraban 221 insultos en nuestro idioma, extraídos de un estudio publicado hace unos años —todo se estudia, todo se publica— en el que se clasifican los más utilizados por regiones, franjas de edad, sexo y algún que otro campo más. Todo ello con la participación de más de 2500 españolitos, acompañado de un colorido mapa de nuestro país y firmado por un responsable del Centro de Ciencia Cognitiva de la Facultad de Lenguas y Educación de la Universidad Nebrija y otro del Área de Lingüística de la Universidad de Alicante.
En ese estudio se han recogido más de 8000 insultos, clasificados según su frecuencia de uso, edad e identidad sexual de los entrevistados. Salvando las diferencias regionales, e incluso locales, y el exceso en el uso de los insultos, se llega a la conclusión que el más utilizado es «gilipollas», siguiéndole, y por este orden: subnormal, hijoputa/hijaputa, tonto/tonta, idiota, puto/puta, capullo/capulla y payaso/payasa. La inmensa mayoría incluyen términos referidos a estereotipos sexuales —principalmente de feminidad— y discapacidades intelectuales o físicas.
No voy a enumerar aquí, y ahora, los 221 insultos del estudio, eso lo dejaré para posteriores entradas en las que pretendo añadir otros que vaya encontrando por el camino. Creo que hay tema para no aburrirse y para aprender, que ya estoy cansado de insultar siempre lo mismo.


lunes, 15 de junio de 2026

PERÍNCLITO

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PERÍNCLITO:

1. adj. Grande, heroico, ínclito en sumo grado.
Sinónimos: insigne, ilustre, célebre, notable.
Antónimos: innoble, mediocre, anónimo, ordinario.

Basta leer los sinónimos para entender que está referido a personas que han alcanzado la fama, destacando de manera extraordinaria gracias a su valía profesional, a sus virtudes personales o a hazañas realizadas durante sus vidas.
Es un adjetivo culto, por lo que su uso está muy restringido; de hecho, lo leí por primera vez hace muy poco tiempo. Hasta ahora mis conocimientos se quedaban en el vocablo ínclito, cuyo significado es el mismo, pero sin el prefijo per que añade intensidad a su significado.


domingo, 14 de junio de 2026

Desayuno en el parque.

Mi nueva vida, la de ausencias de obligaciones laborales, me lleva muchas mañanas, y antes de que el sol caliente más de lo admisible, a caminar por un par de calles del entorno de mi vivienda hasta alguno de los parques —casi bosques— próximos en los que ocupo el tiempo con una caminata hasta justo el momento en que el cuerpo me dice «venga, Mánuel, siéntate un ratillo, luego sigues».
Es durante ese recorrido hasta llegar al parque que toque, donde voy dejando en las aceras no sé cuantas terrazas de bares con casi todas sus mesas ocupadas a pesar de tan temprana hora. Y da lo mismo la estación del año, el tiempo o el horario, que para ello han inventado un entoldado envolvente que cobija de las agresiones exteriores. Ahí están, los veo a diario, tipos y tipas de variado aspecto, condición y edad que no dudan en realizar esta actividad en medio del pequeño caos que supone estar rodeados de otras sillas ocupadas, ruido de cláxones, humo de motores y conversaciones elevadas de decibelios, cuando no de monólogos a través de un pinganillo. Ahí están: obreros en su tiempo de desayuno; jubilados, con o sin pareja, pero con el perrito atado a la pata de la mesa; grupos de señoras ataviadas con llamativas ropas deportivas, mochila y alfombrilla enrollada de invariable color chillón; abuelos con el nieto de cortísima edad adormilado en su cochecito; personas a las que sólo acompaña su primer cigarrillo cuando aún no les han servido el café; y muchos otros que no consigo encajar en categoría alguna, pero que me obligan a preguntarme por qué están ahí.
Sin embargo, la gran pregunta que me hago, para todos los grupos anteriores, excepto el primero, es ¿por qué no desayunan en sus casas?, y también ¿es que no saben prepararse un café, hacerse una tostada, untársela de fuagrás? —esto último sí saben hacerlo, que el bar no sirve las tostadas ya untadas—.
Pues eso, que estaba un servidor un día más plateándome estas incógnitas al pasar junto a ellos, sin comprender —y sigo sin comprenderlo— esa costumbre que en poco tiempo ha arraigado tan sólidamente por estas tierras, hasta tal punto que, incluso se habla de una cultura al hecho de desayunar en la calle, que cualquier novedad es ya cultura, oiga. E invariablemente, como cada día, sin encontrar respuesta, cuando al cabo de más de una hora, que es lo que vengo tardando en dar una vuelta por los senderos del parque, me detengo a descansar antes de iniciar el regreso a casa, en una zona habilitada no sólo para el reposo, sino también para reuniones y comidas grupales. Veo llegar a una pareja, mayores ambos, lo que hoy viene a llamarse tercera edad —menuda bobada el eufemismo—, portando dos sillas de playa y una bolsa grande de supermercado. Se posicionan no muy lejos de mí, pero lo suficientemente cerca como para poder observarlos con precisión: abren sus sillas, se sientan y comienzan a sacar cosas de la bolsa; veo que en la mesa dejan tapergüeres, servilletas y cubiertos; después tazas y un gran termo del que sirven a las tazas. Minutos después están los dos plácidamente desayunando bajo la agradecida sombra del pinar, que junio ha venido calentito y el sol comienza a animarse más arriba de las copas de los árboles. Me quedo allí más tiempo del habitualmente empleado en mi descanso. Y es que estoy disfrutando con la demostración de sosiego que los dos personajes me están ofreciendo, tan lejos de la innecesaria vorágine que es la terraza de la calle, tan cerca de la calma que esas edades necesitan y a la que con todas mis fuerzas aspiro. Otra escena más de esas de las que decimos que nos reconcilian con la vida.
Vuelvo a casa, pero ahora por otra calle más tranquila, apenas si me cruzo con gente y no paso por ninguna terraza de bar que pueda alterar la idea del momento. Imagino al viejo matrimonio recién levantados esa mañana, después de la cálida noche que, tal vez, no les haya dejado dormir, decidiendo que durante las dos horas siguientes no quieren más calor: «Mira, Juan, hago café, preparo algo y nos vamos al parque a desayunar», «como tú quieras, Reme, estupendo».


lunes, 8 de junio de 2026

IGNOMINIA

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IGNOMINIA:

1. f. Afrenta pública.
Sinónimos: vergüenza, deshonor, ofensa, oprobio, agravio, injuria, denuesto, ultraje, baldón, deshonra, infamia, insulto, bajeza, descrédito, vilipendio, denostación, zaherimiento, jugada.
Antónimos: honor, honra, prestigio, gloria.

Es una ofensa grave que daña el honor, la dignidad o el respeto de una persona ante los demás, implicando una profunda humillación, a menudo asociada a actos indignos.
La ignominia describe una situación de profunda deshonra, descrédito o una injusticia vergonzosa.


lunes, 1 de junio de 2026

GALLARDO

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GALLARDO:

1. Adj. Desembarazado, airoso, galán.
Sinónimos: gentil, garboso, donoso, galano, apuesto, hermoso, marchoso, saleroso, gracioso.
Antónimo: desgarbado.
2. adj. Bizarro, valiente.
Sinónimos: bravo, brioso, valiente, atrevido.
Antónimo: cobarde, pusilánime.
3. adj. Dicho de lo que corresponde al ánimo: Grande, excelente.

Con tantos sinónimos pienso que queda claro el significado de este vocablo que, por cierto, se encuentra entre los que más me gustan de mi idioma.
Ampliemos el tema: la persona que actúa con elegancia, nobleza y valentía, manteniendo una actitud digna, firme y respetuosa incluso en momentos peligrosos o difíciles, sin perder la calma ni rebajarse y, por supuesto, sin responder igual.
Una persona gallarda mantiene una buena presencia, un porte distinguido.
La cualidad del gallardo es la gallardía.


lunes, 25 de mayo de 2026

QUERENCIA


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QUERENCIA:

1. f. Acción de amar o querer bien.
Antónimo: aversión, repulsión.
2. f. Inclinación o tendencia de las personas y de ciertos animales a volver al sitio en que se han criado o tienen costumbre de acudir.
Sinónimos: arraigo, raigambre, recurrencia.
Antónimo: desapego.
3. f. Sitio hacia el que se tiene querencia
4. f. Tendencia natural o de un ser animado hacia algo.
5. f. Taurom. Tendencia o inclinación del toro a preferir un determinado lugar de la plaza donde fijarse.

Pero aquí es el lugar, persona o situación donde alguien se siente profundamente seguro, cómodo y en paz. 
Y también la inclinación o tendencia a volver al lugar en que uno se ha criado o donde se siente a gusto y emocionalmente vinculado.
Aunque no se trata sólo de un lugar, un sitio físico, puede ser cualquier cosa que genere una sensación de pertenencia y refugio emocional, como otra persona, una canción o un recuerdo; algo que nos haga sentir por un instante que estamos donde debemos estar.
En definitiva: la querencia es ese espacio al que el corazón regresa una y otra vez incluso cuando el cuerpo está lejos.
Es una palabra de difícil traducción a otros idiomas, por lo que desde ese punto de vista se la considera rara, a la vez que muy bella, porque combina amor, pertenencia, nostalgia y seguridad en un solo concepto.


domingo, 24 de mayo de 2026

Insultando suavemente.

¿Has insultado alguna vez a alguien? Me respondo a la pregunta y digo que sí, y muchas veces. Seguramente, la mayoría de ellas y a mi entender, de manera merecida, pero a la vez, y también la mayoría de ellas, de forma incorrecta, sin duda alguna. Y es que me parece que hemos reducido el insulto, quiero decir las formas de insultar. Y eso es quizá por ignorancia, por escasez de vocabulario o por premura en la respuesta durante el altercado que terminó, o continuó, con el insulto.
Creo que actualmente se insulta poco, de pocas maneras quiero decir, que en tono y volumen vamos muy bien servidos. Al menos en mi entorno observo que nos basta con un gilipollas o un capullo, y poco más. E igual ocurrirá en otros lugares donde predomine un insulto más localista. Se ha reducido a pocos modelos, nos estamos conformando con apenas nada, y lo que es peor, no se insulta con corrección, no se dispara con el dardo adecuado, ya que cada situación y cada insultado deben de tener, y de hecho tienen, su insulto propio. Se abusa de algunas ofensas que, en la mayoría de las ocasiones no tienen cabida en el contexto de la discusión o la pelea que se trate, aprovechando, por parte del insultador, lo soez del término para así creer que se denigra más al insultado.
Y no por tratarse de improperios necesitan ser malsonantes, no, por Dios, que los hay incluso algo agradables, como BOBO, que es una persona falta de entendimiento o de razón; esta expresión, de suave pronunciación, posee una gran cantidad de sinónimos, algunos de los cuales hacen aún más encantador el vocablo, como candoroso, simplón o abombado. Son los bobos personas que al hablar no coordinan el pensamiento con la velocidad de emisión de sus palabras, por lo que terminan diciendo cosas que no pueden defender por falta de argumentos ciertos. Y a pesar de ello lo harán con gran confianza en sí mismos, ése es su mayor talento.
Muy semejante al bobo es el NECIO, que es el ignorante, que no sabe lo que podía o debía saber, el falto de inteligencia o de razón, y también el terco y porfiado en lo que hace o dice. Y es con esta última con la que me quedo para encuadrar al necio, al individuo que se aferra a sus ideas, aunque los hechos le demuestren que está equivocado; los consejos que escucha los ignorará y confundirá la terquedad con la inteligencia que realmente no posee.
Parecido a los dos anteriores es el TARADO, pero en el sentido correspondiente al tema que tratamos —que no estamos hablando de defectos físicos o psíquicos—, sino en la del individuo que, de manera alocada y haciendo gala de poco juicio, tiene la habilidad excepcional para complicar lo sencillo, ignorar lo evidente y sorprender al mundo con razones carentes de lógica.
Tres maneras no groseras de ofender; tres insultos que se resumen en uno, tal vez el más común y simple del castellano: el TONTO de toda la vida, la persona falta o escasa de entendimiento o razón, en la primera acepción del DRAE, que es acompañada con más de treinta sinónimos —a eso se le llama riqueza del lenguaje—. Pero me quedo con algo que leo por ahí, en la red, que viene a decir que un tonto es quien tiene la extraordinaria habilidad de ignorar lo evidente y convertir las decisiones más simples en un espectáculo de malas elecciones, sin aprender casi nunca de sus errores porque primero tendría que admitir que los cometió.
Remato el tema: los cuatro anteriores tienen una acepción malsonante y españolísima que es GILIPOLLAS, utilizada para referirse a una persona boba, necia, tarada y sobre todo tonta. Es una palabra curiosa, pues tanto en singular como en plural termina en ese (s) y gramaticalmente es un sustantivo y también un calificativo. Además, tiene una variante simpática, como menos hiriente, que es gilipuertas. Aunque yo siempre he pensado que un gilipollas es un tonto, sin duda, pero con mala leche.


sábado, 23 de mayo de 2026

Un sobrecito de azúcar

Me llaman la atención, o mejor, me llamaban, porque se vienen repitiendo mucho últimamente, las frases que ilustran los sobrecitos de azúcar, algunas de conocidos personajes literarios, históricos, y otras de autoría anónima. Suelo fotografiar el sobrecito junto al vaso o la taza, después lo rasgo y endulzo el café. Tengo una carpeta en mi ordenador con muchas fotitos, e incluso he dejado caer algunas en mis redes sociales.
Cuando creía que ya estaba todo inventado, cansado de frases de Groucho Marx, de Charles Chaplin, de Churchill, de Einstein —que no sé cuándo ésa gente trabajaba si parece que estaban todo el tiempo pensado frasecitas—, de escritores y pensadores variados, encuentro una de autor desconocido, la más encantadora de todas por su carga de resignación, hasta ahora, que no sé qué me deparará el futuro.
El autor parte de un dicho conocidísimo, atribuido al político y escritor cubano José Martí: «Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro»; y que viene a decirnos de manera simbólica y trascendente, siguiendo el orden del proverbio, que debemos crear un hogar y echar raíces en algún lugar, que tenemos que formar una familia y dar continuidad a la vida y, por último, que estamos obligados a trasmitir conocimientos dejando huella de nuestro paso por la tierra.
Sin embargo, el autor de la frase del sobrecito de azúcar contemporiza y se adapta, 130 años después de la muerte del cubano, al momento actual, llamando, primero, la atención al autor original con un rotundo «oye, tú, que lo que dices, sí, es fácil…», que seguramente lo sea, no sé, —un servidor no se ha estrenado con la tercera afirmación—, para continuar diciendo, vale tío, lo que tú digas, pero lo difícil es «criar un hijo, que no te talen el árbol y que lean el libro».
Y es que, con toda seguridad, en el siglo XIX las cosas eran muy distintas a las de esta primera mitad del XXI; no digo que más fáciles entonces ni ahora más difíciles, sino complicadamente muy distintas.



lunes, 18 de mayo de 2026

SOLASTALGIA

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SOLASTALGIA:

Tristeza profunda que se siente cuando un lugar que amas ya no se percibe igual que antes.
Sinónimos: pena, intranquilidad, agobio.

Este neologismo expresa un dolor emocional, que viene derivado por el deterioro exterior, produciendo en el individuo aflicción, angustia, desconsuelo, ante la degradación ecológica del entorno.
Es como volver a tu pueblo, a tu barrio, incluso a la que fue tu casa, a un paisaje de la infancia, a lo que siempre se ha recordado con emoción, pero que no se reconoce, ya no emociona; y todo ello sin haber salido del entorno. Esa es la diferencia con la nostalgia (el sentimiento al estar lejos de casa).
La palabra surge como reflexión acerca del desconsuelo que mostraron los habitantes del Valle de Hunter (Nueva Gales del Sur, Australia) al ver el deterioro sufrido en sus tierras a causa de las minas de carbón a cielo abierto que allí se explotaron.


lunes, 11 de mayo de 2026

ALEXTIMIA

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ALEXITIMIA:


1. f. Psicol. y Psiquiatr. Incapacidad para reconocer las propias emociones y expresarlas, especialmente de manera verbal.
Sinónimo: disimbolia.
Antónimo: hiperlexia.
Etimología: del griego “lexis”, palabra o habla, y “thymos”, ánimo o emoción. El prefijo “a” nos indica “sin o falta de”

Este trastorno impide identificar, describir y procesar las emociones propias, a pesar de que la persona sí experimenta sentimientos, pro es incapaz de reconocerlos ni de comunicarlos verbalmente. O sea, el cásico “corazón de piedra”.
Pero también puede hacerlo extensivo a los demás, no reconociendo ni respondiendo a las emociones de otros, mostrando una baja empatía social.


domingo, 10 de mayo de 2026

Cruz de navajas.

Hay una canción de 1986, cuyo autor fue José María Cano y que popularizó el grupo musical al que pertenecía, Mecano, incluida en el disco Entre el cielo y el suelo, que cuenta la historia de una pareja, María y Mario Postigo —se dice que se trata de personajes reales o, al menos, que la letra está inspirada en una historia real—, cuya vida, que está sumida en un hastío por culpa de la rutina de unos horarios laborales contrapuestos, pues cuando termina la jornada del hombre comienza la de la mujer, hacen que el contacto entre ambos sea mínimo. Una mañana, en la que el regreso de Mario a casa, a una hora más temprana de lo habitual, hace que éste sorprenda a María con su amante, provoca una pelea entre los dos hombres con el resultado de la muerte del protagonista de la canción.
El título de la canción, Cruz de navajas, ¿o debería haber sido Cruce de navajas?, queda a su vez relacionado con las estrofas en las que se enumeran las tres heridas, las tres cruces que a la víctima le infligen: metafórica la primera, «una en la frente, la que más dolió», conocer la infidelidad de su pareja, soportar los cuernos, esta navaja se la clava María; «otra en el pecho, la que le mató», realista total, la infiere el amante de Maria; y la tercera «y otra miente en el noticiero…», en alusión a la falsa información que los medios de comunicación dan del hecho según el relato de la propia María que, evidentemente, fue testigo del crimen y de esa manera encubría a su enamorado, acusando a dos supuestos drogadictos que pasaban por allí.

Cuántas veces, muchas, porque muchas han sido las que he escuchado esta canción — que incluyo entre mis diez o doce preferidas—, mientras la oía, he pensado en otro final, y siempre en el mismo, un final en el que el muerto fuera el otro, o mejor, en el que ni siquiera hubiera necesidad de que alguien muriera. Me bastaría con que el protagonista propinara al otro un par de puñetazos y una patada en las gónadas, dejándolo arrumbado en un rincón del portal o en medio de la calle. Después, Mario subiría a su casa, seguido de María que, lloriqueando iría pidiendo perdón mientras alternaba la petición con la manida frase «déjame explicarte, esto no es lo que parece», guardaría sus pertenencias más básicas en una maleta —«ya volveré otro día por el resto»—y tras de decirle a la mujer «vete a la mierda, y vas muy bien servida», cogería la puerta y saldría a la calle aún sin saber a dónde se dirigiría. De esta manera el fracasado ascendería a héroe, aunque no dejaría de ser un fracasado, un cornudo.
Pero no sólo pienso en un final así mientras la oigo, y la oigo una y otra vez, pues muchas son las ocasiones en que las emisoras de radio la emiten, también vivo la ambición instantánea de que realmente la canción termine como la deseo, y espero anhelante que Ana Torroja cante mi final y nos cuente con apoteósica pena cómo Mario se aleja calle abajo con su maleta, mientras el alba va iluminando lentamente el cielo. Pero, me cagüen la leche, nunca ocurre así.